La necesidad que satisface la palabra-regalo no es necesariamente una necesidad del objeto o de consumirlo. Es por eso que no tenemos que cargar las cosas de las que hablamos con nosotros, como aquellos filósofos en Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift. A medida que avanza nuestra experiencia, toda nueva necesidad de comunicación surge para establecer relaciones humanas de inclusión entre ellos, respecto a todas las partes del mundo. Satisfacemos esas necesidades comunicativas dando regalos verbales para establecer las relaciones, en vez de dar y recibir regalos materiales. Haciendo esto, transformamos el mundo que parecía objetivo en un mundo intenso de regalos, donde los humanos actúan entre sí todo el tiempo, con base en los regalos, por lo menos en este área de sus vidas. Los regalos lingüísticos se continúan dando, no importa qué más hagamos, aun cuando estemos actuando de forma inhumana entre nosotros. Sin duda, si nosotros pudiéramos combinar nuestras acciones del mundo material con los aspectos de regalo en el lenguaje, tendríamos la base del florecimiento de la humanidad.
Sin embargo, las palabras-regalo tienen ventajas sobre la mayoría de los regalos materiales. Primero, las palabras son fáciles de crear y de guardar por los humanos. Segundo, las diferentes instancias de una palabra las usamos como una sola palabra. Esta reunión de los diferentes sonidos en uno permite que una palabra sea para cada uno de nosotros ‘lo mismo’ que es para los demás. Esto hace posible que la palabra esté al mismo tiempo en dos o en muchos lugares diferentes. Tercero, estas peculiaridades dan paso a la generalidad de la palabra, en el sentido en que puede utilizarse una y otra vez por muchos, como algo a que las cosas se pueden referir y con respecto a como las relaciones humanas pueden ser establecidas. Así, una palabra puede ser construida y recibida por cualquiera.
El acto de sustitución de los regalos verbales en lugar de regalos materiales, o en lugar de las cosas ‘no materiales,’ los eventos, las situaciones, las ideas que son vistas para otros, es un acto humano específico. La palabra es una clase especial de regalo sustituto y las necesidades de comunicación que satisface son necesidades específicamente humanas, que también se han adaptado a los medios de su satisfacción. Si multiplicamos las necesidades por el número de cosas pertinentes para las personas, de las que se puede hablar y que provocan que surja una palabra-regalo única (nombre), tendremos un regalo lingüístico plenum de una inmensa variedad y combinabilidad, en la que cada palabra participa como uno entre muchos y cada miembro de la comunidad puede usarla cuando lo desee.
Hay una palabra abstracta, el verbo ‘ser’ que ha dado mucho que pensar a los filósofos. A pesar de que no se usa en todos los lenguajes, en aquellos donde existe su presencia es intrigante. La transcripción cuantitativa y lógica de ser como ‘=’ parece estar tan difundida como la economía del mercado. En la definición, el verbo ‘ser’ es una palabra-regalo que satisface una necesidad de comunicación que surge de la misma frase en la que está incluida. Sustituye los actos de regalar recientemente ejecutados o que serán ejecutados por las otras palabras en la frase. En ‘un gato es un felino doméstico,’ ‘es’ es el regalo sustituto para el acto de sustituir los regalos, ejecutado por medio del ‘gato.’ Al mismo tiempo, sustituye el siguiente sustituto de regalo, ‘felino doméstico,’ que entonces puede ser visto como un acto de la misma clase de ‘gato.’ Considerando el verbo ‘ser’ como una palabra-regalo sustituto para otros actos de regalo, que están ocurriendo dentro de la frase de la cual forma parte, nos permite considerar una parte ‘meta’ de la frase. (Vea la Figura 14.) Esto explica el carácter del tiempo presente del verbo ‘ser,’ ya que sus referentes (las ‘cosas’ que se relacionan con él) están de inmediato ahí, sucediéndose en la misma frase. Este acto de sustitución de la palabra-regalo es en sí un servicio que se hace para la otra persona. Satisface una necesidad comunicativa de la meta-frase, la necesidad de una re-presentación de los actos que están ocurriendo en la presente oración, estableciendo una relación de las personas con la re-presentación en el aquí y ahora. Esta inserción de un vuelco en un meta-momento dentro de la frase mediatiza la función como una definición, permitiendo al definiendum sustituir al definiens.
Si el lenguaje se rige por el principio de la sustitución del regalar, y debe quedar claro que un gran número de sustituciones deben estar ocurriendo todo el tiempo mientras hablamos. El acto en sí es un acto muy general. La palabra que funciona como un regalo sustituto del acto de sustitución es, por lo tanto, la palabra más general de todas las palabras. No hay otras palabras en el mismo nivel de generalidad. Esto no impide que se mantenga humilde y que sea usada en abundancia. Es por su posición única que el verbo ‘ser’ es difícil de definir, pero tratamos de definirla, ya que parece una palabra como cualquier otra. Nuestras mentes vacilan, se expanden hacia el mundo entero y se contraen al presente inmediato cuando decimos cosas tales como ‘ser es.’ Tal vez esto se debe a que el ‘ser’—el verbo ‘ser’—es una meta-palabra-regalo (no simplemente un sustituto, sino el regalo sustituto para el acto de la sustitución del regalo en sí). Es una palabra muy general y no hay un grupo de términos en su nivel de generalidad que se le opongan como valor.
Para que se desarrollen las palabras y las necesidades comunicativas que éstas satisfacen, debe haber un plano verbal que se mantenga como un lugar común contiguo al resto de la vida. Cuando las cosas se convierten en cosas suficientemente importantes en el plano no verbal, adquieren un regalo comunicativo permanente en el plano verbal en la forma de palabra. Usamos esa palabra cuando pasamos del plano del regalo comunicativo no verbal al regalo comunicativo verbal. El desplazamiento puede ser visto como una sustitución: tenemos acceso al regalo verbal y lo usamos en lugar del regalo no verbal (o en la definición o en lugar de otros regalos verbales) para crear vínculos con otros. Es el desplazamiento o el acto de sustitución en sí lo que nombramos cuando decimos ‘es.’ Por esto podemos usar ‘es’ tanto cuando hablamos de algo que no es verbal, señalándolo (deixis), como en ‘Ese es un gato,’ y cuando usamos un definiens verbal como ‘un gato es un animal amistoso y peludo con una cola larga.’ En ambos casos ‘es’ re-presenta el desplazamiento de un regalo no verbal a un regalo verbal. Hay un desplazamiento desde el plano de la realidad hacia el plano verbal (pasando a través del sustituto relativamente vacío ‘eso’) y el otro desde el plano de la realidad hacia el plano verbal, y de nuevo hacia un elemento más constante en el plano verbal.
Las frases combinan palabras-regalo colectivos y generales para satisfacer necesidades comunicativas fortuitas y particulares. Cada uno de estos aspectos de una situación o evento, tomados aisladamente, está relacionado con una palabra-regalo, su nombre. Cuando se toman conjuntamente las palabras en secuencia (lo que los lingüistas llaman el eje de la ‘metonimia’), se combinan y colaboran entre ellas (al transponer los procesos de dar y recibir entre ellas), para satisfacer una necesidad particular comunicativa que surge de la situación a la que el hablante y el oyente se están refiriendo. Juntas, son una manera provisional y fugaz de traer a un primer plano elementos del mundo, señalándolos como relevantes y distinguiéndolos de aquellos que no lo son. Proveen una combinación de palabras en la cual los elementos pertinentes se relacionan, por lo menos, momentáneamente.
La relación entre las palabras y las cosas, como también la relación del concepto que hemos venido discutiendo, se produce en lo que los lingüistas llaman el eje de la ‘metáfora.’ Aquí las cosas de diferentes niveles se interrelacionan en base a la equivalencia y a la habilidad de un elemento de un plano para tomar el lugar de otros de otro plano. El eje de la metáfora a menudo involucra la polaridad uno-muchos. La metáfora y la metonimia trabajan juntas en el discurso, como también en las definiciones. Collares de palabras (metonimia), muchas de las cuales están en una relación uno-muchos con cosas para las que son regalos sustitutos (metáforas), colocadas juntas de acuerdo a relaciones transpuestas de regalos. Entregar una palabra como un regalo sustituto constituye una clase particular de servicio.
El verbo ‘ser’ constituye una intersección y un pasaje entre los dos ejes de la metonimia (la contigüidad) y la metáfora (la sustitución). Como un regalo sustituto del acto de la sustitución, es metáfora, pero como un sustituto colocado al lado de las cosas que representa (los otros actos de regalo-sustitución en la frase), es continuo y forma una sucesión metonímica. Como vimos ántes, en el eje de la contigüidad, una frase repite las relaciones del regalo que podrían ocurrir en el nivel no verbal. Sin embargo, la definición difiere de los otros tipos de frase, porque es construído según los niveles de la sustitución, en que el definiens sirve como una frase palabra-regalo provisional para el tipo de cosa que se está definiendo, y entonces el definiendum toma el lugar del definiens como el nombre constante y general de ese tipo de cosa para el oyente. La definición es un servicio que el hablante actua para el oyente, creando una relación inclusiva y dando, en el momento, algo (un palabra-regalo) que puede durar por toda la vida del oyente.
Los conectivos lógicos como ‘y/también,’ ‘o/o,’ y ‘no’ modifican (están dados a) el verbo ‘ser,’ para hacerlo el regalo sustituto para el acto de la sustitución de dos o más cosas ‘un gato es un animal felino y también un animal doméstico,’ uno de dos cosas ‘un gato o es felino o es canino,’ o para algo que no es la cosa mencionada. ‘Un gato no es un canino’ significa que el primer término no satisface la misma necesidad general comunicativa como el segundo término y entonces, no puede sustituirlo. El ‘si/entonces’ silogística (“si todas las a son b y todas las b son c, entonces todas las a son c”) significa que ‘a,’ ‘b,’ ‘c’ son regalo-sustitutos de la misma ‘cosa.’ El principio de la sustitución del regalo, cambiando planos, funciona entre el lenguaje y el mundo, y también dentro del lenguaje en sí mismo en la definición y al nivel meta con el verbo ‘ser’ en la definición.
Por otro lado, cuando usamos el verbo ‘ser’ para describir algo en el mundo, ‘el perro es café,’ usamos ‘es’ para ‘dar’ o atribuir ‘café’ al ‘perro.’ El perro tiene la ‘propiedad’ o regalo de ser café (dado por el universo o por el pintor de perros, la fuente no importa). Una discusión completa de todas las posibilidades de la interpretación del lenguaje usando el paradigma del regalo, aunque es fascinante, haría que este libro fuera muy largo y académico. Solamente quiero sugerir algunas de las posibilidades para avanzar la discusión del intercambio del dinero bajo la luz de estas posibilidades.
La definición es diferente a las frases del discurso continuo, porque tiene más que ver con el proceso de la sustitución en sí y sirve una función metalingüística del regalo, satisfaciendo la necesidad del oyente de una palabra que no tiene. Sin embargo, en un sentido, la definición ha sido robado de sus aspectos de regalar por siglos por los filósofos y lingüistas patriarcales, para quienes aparecería estar expresando relaciones asépticas ‘objetivas’ entre las palabras, en vez de relaciones entre las personas. Estas relaciones objetivas entre las palabras están reguladas por las leyes abstractas de sintaxis parecidas a las leyes abstractas que regulan nuestra sociedad masculada.
Podemos restorar la propiedad del regalo al lenguaje, reconociendo que los diseños de las relaciones del regalo entre las personas siguen en el lenguaje y son traducidos o cambiados desde el nivel humano a lo verbal. Debido a que la misoginia nos ha cegado y nos ha impedido reconocer esas relaciones del regalo entre las personas, nunca hemos pensado en buscarlas en el lenguaje. En lugar de eso, hemos reconocido unas leyes abstractas y arbitrarias parecidas a las que creamos para la regulación de la conducta masculada en el patriarcado. Podemos preguntar si nuestras leyes son una sintaxis utilizada para regular la auto-supremacía de cada una de nuestras palabras aisladas e incarnadas (masculinas), o si nuestra idea de la sintaxis esta extrapolada de nuestras leyes de dominar, mandar, y obedecer. También puede aparecer que el verbo ‘ser’ roba a la frase de su regalar así como la masculación roba a la sociedad.
En realidad, creo que esta apariencia viene del hecho que el verbo ‘ser’ esta relacionado con la definición (que en sí mismo es originalmente un proceso benigno) donde el mecanismo de la sustitución es utilizado internamente en una manera diferente de la fluidez del hablar. El regalar en la definición ocurre entre las personas en un nivel metalingüístico a través de una sustitución de palabras por otras palabras. Debido a que el proceso es diferente al resto del hablar, puede ser que sus regalos no son evidentes, y la función ‘dominante’ del definiendum puede aparecer ser la ‘culpa’ del verbo ‘ser.’ Sin embargo, en realidad es el uso primordial de la definición en la masculación (los niveles diferentes de la sustitución contribuyen al efecto del salón de los espejos) que influye al verbo ‘ser,’ dándole un mal nombre. Algunas personas relacionadas con la Semántica General han sentido que deben evitar el verbo ‘ser’ completamente, y lo han eliminado de su habla. No es el verbo ‘ser’ el que es parasitario a la humanidad, sin embargo, pero puer-patri-arcado. Volviendo al paradigma del regalo en la economía (como en el lenguaje) permitirá, entre muchas más cosas, la restoración del verbo ‘ser’ a su lugar merecido como parte de la lengua maternal.
Lo mismo ocurre en la definición de ‘ser’ que ocurre ahora en el intercambio del dinero—que es un sustituto para el acto de la sustitución del producto de otro por el suyo, y su propio producto por el del otro. La sustitución ocurre aunque los productos en sí mismos son particulares—no puestos como generales, pero solo como sustitutos particulares y equivalentes de los productos de la persona con quien el intercambio ocurre. Además, el acto de sustituir todavía no está completo cuando el dinero ha sido sustituido por él. Como el ‘ser,’ el dinero forma una sucesión metonímica con lo que representa, pero hace esto en realidad al interrumpir ese acto y se coloca así mismo en el medio, empujando al primer producto. A menudo el dinero del comprador empieza el proceso en el mismo espacio del producto con el cual se está haciendo el intercambio (contiguo con él), pero entonces, actuando en el eje de la metáfora, reemplaza fisicamente al producto del vendedor, cambiando de manos.
La sustitución de dinero por un producto presupone la sustitución del dinero por otro producto, y al revés de los papeles del vendedor y comprador. Debido a que el dinero reemplaza todos los productos como su equivalente general, tiene el carácter de generalidad, que los productos no tienen. Cada vez que los reemplaza, provee ese carácter de generalidad y conexión con otros en la sociedad, en esa transacción particular. Cada vez que es dado por otros productos, este carácter de generalidad y conexión es dado por el comprador. La sustitución del acto de intercambio del dinero por el acto directo de sustitución de un producto por otro hace casi lo mismo en el mundo económico que el verbo ‘ser’ hace en la definición. Crea un momento metonímico con lo que ha sustituido (los productos)—pero este requiere que los seres humanos hagan un papel en la ‘frase’ como actores. Los actores toman sus turnos en sus papeles de vendedor y comprador, y esta simetría cambia la sucesión metonímica, preveniendo que se desarrolle a otro tipo de ‘frase’ más allá de la ‘definición.’
Los cambistas se pueden, sin embargo, operar en el plano de la sustitución y comprar para vender, para aumentar la cantidad del equivalente general que tienen. El eje lingüístico de la metonimia es recreado en otra manera con la adición de unidades que son similares cualitativamente y cuantitativamente una a la otra (una más una más una) en el sistema numérico en que el valor viene del precio. Este también permite la adición de sumas de dinero de uno al otro, que provee la posibilidad de acaparar y el desarrollo de un capital.
Debido a que en una situación de la propiedad privada ha retenido un carácter de regalo material y muestra conceptual , el dinero actualmente tiene que ser sustituido fisicamente por los productos y recibido o regalado en su lugar (el eje de la metáfora). Cuando es presente en los manos de uno, los productos no son; cuando los productos son presentes, el dinero no es. Y en realidad tenemos que llevarlo en nuestros bolsillos para darlo a otros, como sustituto por sus productos. El proceso de la sustitución lingüística ha alcanzado un círculo completo; la palabra ha sido reencarnada. La situación de Swift también ha resultado verdadera. (No tenemos conciencia de que tenemos el verbo ‘ser’ resonando en nuestros bolsillos.) Creo que a menudo las razones subconscientes influyen los símbolos, y también influyen las palabras que ‘pegan’ en nuestra cultura. Entonces, la similitud impresionante del signo del dólar ‘$’ al ‘es’ me parece apoyar la identificación del ‘ser’ con el dinero.
El dinero sustituye el producto de la vendedora, y el intercambio por el dinero sustituye el acto de sustituir por su propio producto, que ocurrirá cuando ella, la vendedora, es compradora. Si la situación hubiera sido una del trueque, el producto de cada persona hubiera sido sustituido por el producto del otro. En vez de recibir el producto del comprador directamente, el vendedor recibe su sustituto en el producto artificial, el dinero. Al mismo tiempo, esta sustitución presupone la próxima sustitución por el próximo vendedor. El proceso entero reemplaza el proceso del trueque, que reemplaza el regalar. El intercambio por el dinero crea un lapso temporal en la sucesión metonímica de los momentos del trueque. El dinero puede ser intercambiado por un producto y después guardado por unos días o años antes que está intercambiado por otro. Se junta la interacción en momentos diferentes, creando su propio espacio social, el mercado. El intercambio toma los productos y la ‘palabra’ material, que los define fuera del contexto (los descontextualiza fisicamente) en una manera que enfatiza el aspecto descontextualizado de la definición.
Debido a que el dinero tiene el carácter de cuantificar el valor, funciona también como una palabra en ese respecto, en el eje de la ‘metáfora’(la sustitución). En su modo que define, contesta la pregunta ‘¿qué es?’ con un precio. Se puede ver al mercado como un área social en que los productos y su equivalente general son sacados de su contexto para que se les pueda definir, evaluar, e intercambiar. Esta co-existencia y el cambio de plano, y el uso de los mecanismos verbales en áreas no verbales, permite la introducción de variables que no existirían en el regalar o en el trueque.
En la situación del trueque, el producto de una persona es equivalente al del otro. Sin embargo, ambos son productos individuos, y pertenecen a una diada. Solo se sustituyen a sí mismos y, aunque esto les da una cualidad común recíprocamente como sustitutos, no hay concepto general que se pueda formar con respecto a ellos porque una relación uno-muchos es necesaria para que eso pueda ocurrir. Entonces el proceso entero del intercambio por el dinero reemplaza al trueque, para que un tipo de proceso que forma conceptos tome lugar con respecto a esos dos o cualquier producto individual, expresando su cualidad común de sustitutos para cada uno pero relacionado con todos los otros productos y, entonces, teniendo valor general.
Debido a la situación del escasez y a la exclusión mutua de la propiedad privada, los intercambiadores solamente quieren intercambiar los productos de valor igual cuantitativamente, entonces tienen que ser capaces de evaluarlos, saber ‘que son’ en términos de precio. El dialéctico lingüístico surge otra vez: Lo que son ‘para otros’ en general en la sociedad determina lo que son, que precio tendrán, y también para los individuos. Una necesidad social de esta evaluación (y del equivalente sustituto en que está hecho) empieza a existir como una necesidad comunicativa, un elemento que es necesario para la comunicación e interacción de las personas con respecto a la transmisión (el dar) al otro de su propiedad privada.
Entonces parece que necesitamos el equivalente sustituto, el dinero, para sí mismo, no para los productos que sustituye. La que era una necesidad comunicativa lingüística ahora es una necesidad material en el plano económico. Esto ha ocurrido debido a que la propiedad privada afecta a la co-munidad de regalar, aislándonos el uno del otro como dueños de productos. Nuestra falta de co-municación material crea una situación parecida a la de los consciencias aislados sin el lenguaje. Entonces tenemos una necesidad común para los medios de la comunicación, de establecer y cambiar nuestras relaciones entre nosotros con respecto a las cosas—en este caso nuestra propiedad privada. Este método de co-municación es el sustituto material del regalo muestra-concepto, el dinero. El valor del intercambio es el valor del producto (la relevancia) a la co-municación material distorsionada (el intercambio) en una situación de la propiedad privada. Es evaluable cuantitativamente a través del equivalente material, la muestra, y el regalo sustituto ($).
Desde el punto de vista de una tercera persona, la ‘frase’ en que el dinero es el verbo ‘ser’ es completada por la repetición (por ejemplo, una camisa vale veinte dólares vale diez libras de frijoles). Y desde ese punto de vista, los interactores de verdad están satisfaciendo las necesidades entre ellos, cada uno dando al otro lo que no tiene y recibiendo del otro lo que necesita. El dinero es simplemente un regalo sustituto, dado desde uno al otro, satisfaciendo la necesidad comunicative que surge cada vez que tiene que decidir que recibir de los otros. Pero por supuesto, estas son gafas ‘objetivas’ de color rosa. En realidad, si el producto o el trabajo de una persona no se puede vender, está afuera del mercado (como si estuviera más allá de las fronteras del concepto) y no ‘existe’ en el intercambio en sí. No se puede sustituir por otro producto, y no será otro acto de sustitución por el dinero-verbo $ con respecto a ello. Si su trabajo no tiene valor para otros, su decisión de que recibir para satisfacer su necesidad no tiene ningún poder. Su demanda no es ‘efectiva.’ Su necesidad no ‘existe,’ porque el regalar a las necesidades en sí ha sido sustituido.
Las funciones parecidas del verbo ‘ser,’ el Falo y el dinero sugieren una conexión entre los mundos diferentes del lenguaje, la sexualidad, y la economía. Esta es una conexión que es ‘genética’ en el sentido que la masculación provee el génesis del Falo y del dinero, y también la inversión fálica del ‘ser.’ Si el padre no reemplazó la madre como la muestra, no habría ninguna posibilidad de sustituir ese acto de sustitución. (No habría un acto de sustitución para sustituir.) La masculación ya no existiría para proyectar el intercambio a la sociedad como su manera económica, entonces no habría ninguna necesidad comunicativa por el dinero, y no tendría la función de la palabra. El verbo ‘ser’ en sí no sería hipostatizado, porque no sería invertido psicológicamente por la equivalencia con el Falo. Entonces, mientras las conexiónes sí pueden estar allá, son artificiales—porque la masculación en sí es un aspecto artificial, no necesario, y perjudicial de la socialización del niño. Juntos, el Falo, el dinero, y el ‘ser’ confirman una pictura falsa, o para decirlo de otra manera, son las ‘marcas’ de la norma aberrante.
Tal vez el problema real es la precoz genitalización Falíca que está reemplazando la etapa oral de los niños. El pene or el Falo reemplazaría el pecho como el objecto invertido de interés. La ‘marca’ del niño le ‘da’ a él el privilegio, porque le pone en la categoría ‘superior’—en una manera manipulativa, si ‘x’ entonces ‘y’—mientras el pecho de la madre le dio a él directamente. Su erotización coincide con el extrañamiento del niño a la categoría privilegiada que no cuida. Entonces, puede aparecer que él no solamente dejó el pecho para obtener el pene, pero el proceso de regalar puede ser identificado con las sensaciones internales de comer y evacuar (relacionados con la etapa oral), mientras su cambio de categoría tiene algo que ver con la genitalización y el pene (una parte externa del cuerpo). Entonces la identidad del género del niño depende de una ecuación polar con el padre (más grande), quien siempre está en la posición equivalente y quien es la gran muestra de la genitalización. Entonces, la identificación del niño en relación con un equivalente polarizado reemplaza el regalar, toma turnos y a veces la construcción juguetona de la identidad con la madre. Aquí la cuantificación empieza ser más importante, porque la cantidad (el tamaño) del falo puede aparecer ser el razón que el padre, no el niño, está en la posición polarizada del ‘uno.’ La cantidad Fálica aparece ser la cualidad más importante.
No es una palabra cualitativa o una evaluación que es dada en el intercambio pero una palabra cuantitativa o una evaluación. El dinero hace lo mismo en el plano material que las palabras hacen en el plano verbal. Los precios expresan explícitamente las necesidades materiales co-municativas como cantidades del dinero. Están servidos por unas cantidades de dinero material reemplazando el papel de palabras-como-regalos. La necesidad co-municativa que los precios expresan es la necesidad para un método de co-municación que no tienen los vendedores de esos productos. El dinero es la palabra, pero distinto del lenguaje, los ‘comunicadores’ tienen que producir (y dejar en realidad) las cosas que representa para recibirlo. El dinero, como la identidad masculina es una palabra incarnada. En su transmisión al plano material, también ha sido un poco distorsionado afuera de las funciones originales de la palabra. Como una palabra, su solo uso real es en estar dado a otros; pero el dinero puede ser acaparado y acumulado.
Debido a que el dinero es el sustituto general del regalo por el acto de la sustitución, influye cada acto particular de la sustitución (el intercambio) a través de relacionarlo con todos los otros. El dinero es el material en que los valores de los productos relacionados uno con el otro y con nosotros puede ser expresado cuantitativamente. En sí, es como el lenguaje en que las palabras están disponibles para expresar los valores cualitativos de todas las partes de nuestro mundo en relación a cada uno y a nosotros. El dinero es un lenguaje uno-palabra (material). Los que no lo tienen no pueden ‘hablar.’ No son de la ‘especie,’ la categoría de los que lo tienen.
En la definición hay una tensión continua, una polaridad entre lo que se dice y lo que no se dice, entre lo que está presente como equivalente y lo que se excluye. Esto ayuda en el primer plano de los elementos relevantes, en oposición a aquellos que no lo son. Si digo ‘el gato es un animal de cuatro patas,’ por ejemplo, no necesito decir ‘es un animal de dos patas’ o ‘dos patas no es de cuatro patas’ porque la aseveración ‘cuatro patas’ excluye ‘dos patas.’ Lo que ocurre gradualmente en el proceso de formación de los conceptos (y más o menos deliberadamente en la definición) está implicado en el uso de las palabras para satisfacer las necesidades comunicativas en el flujo de la conversación adulta.
La metáfora y la metonimia (sustitución y combinación) son dos polos de la función del lenguaje que también se pueden encontrar en la afasia (pérdida del habla), en un ‘trastorno de similitud’ o un ‘trastorno de contigüidad.’ Véase Roman Jakobson, ‘Two Aspects of Language and Two Types of Aphasic Disturbances,’ en On Language, compilado por Linda Waugh y Monique Monville-Burston, Harvard University Press, Cambridge, 1990, capítulo 7.
Debemos sospechar que la ‘objetividad’ sea una concretización o fetichización relacionada con la característica fálica y sus análogos, desde los coches y trenes de juguete hasta las armas y las mísiles. El concepto masculino de identidad del niño y la propiedad privada son dos relaciones transpuestas del concepto entre las cosas contrario a una identidad ad hoc de dar-y-recibir. Entonces una relación del concepto entre las cosas constituye la identidad masculada, no una configuración de sujetividades construidas para dar y recibir. Cuando las cosas que han sido deprivadas de su carácter de regalo son propuestas como ‘regalos’ para ser re-‘present’ados, la conexión de regalo entre los niveles no se puede ver. El ‘regalo’ (‘present’ en inglés) parece tener algo que ver solamente con el tiempo y no con el regalo. Sin embargo, tal vez el aspecto temporal del ‘regalo’ se derive del hecho que la satisfacción de las necesidades nos enfoca en el aquí y el ahora.
En el trueque, el intercambio permanece como una diada particular, no en relación con un equivalente general. Un sistema de trueque provee muchos momentos del intercambio diádico que requieren unas computaciones de equivalencia según el tiempo u otro estandár. Es importante no confundir el trueque con el regalar. El trueque todavía es el dar-para-recibir, mientras regalar es dirigido a las necesidades del otro. Las lógicas son distintas. Los sistemas de trueque y los dineros alternativos que están surgiendo de los grupos verdes y bio-regionalistas se puede considerar como una etapa hacia una economía de regalar. Sin embargo, siguen siendo basados en el intercambio y contienen los defectos del intercambio, uno de los cuales reemplaza el regalar. Quiero ser muy clara que el regalar y el trueque no son los mismos. Suprimir el dinero es como quitar el verbo ‘ser.’ No resuelve los problemas causados por la masculación y el intercambio.
En realidad el dinero es un icono de palabras en que cada instancia de una moneda o un billete de una denominación se considera la ‘misma cosa,’ haciendo que sea posible que ‘una cosa’ esté en muchos lugares a la vez, que es lo que permite que el dinero sea general como la palabra.
El mercado y también el lenguaje son maneras de determinar si algo es la ‘misma cosa,’ teniendo el mismo valor para las personas incluidas, independiente de que si es el valor cultural-lingüístico o económico. Determinar un precio es un proceso colectivo parecido a la atribución colectiva del valor que da a luz un nombre.
Para la tésis presente, el Falo re-presenta o reemplaza el acto de la sustitución del padre para la madre, haciendo que sea parecido a lo del verbo ‘ser,’ con el carácter general social simbólico que Lacan creaba que fuera norm-al. Jean Joseph Goux tiene mucho que decir del Falo y el dinero como un equivalente general en Symbolic Economies: After Marx and Freud translated from the French by Jennifer Curtiss Gage, Cornell University Press, Ithaca, 1990 [1973]. Recomiendo fuertemente el libro de Goux para una aproximación más psicoanalítica e histórica a muchas de estas ideas, o por lo menos las con respecto al intercambio.
Jerry Fodor dice que la idea de Vigotsky del concepto es demasiado filosófica y critica su pensamiento de que el concepto requiere la abstracción de una ‘invariante sensorial.’ Habríamos describido una situación global en que la ‘marca’ masculina es la invariante sensorial de la categoría privilegiada, abstraída por nuestras prácticas de dar a luz. El dinero es la invariante sensorial para la categoría privilegiada de las personas que tenían éxito en ser los ‘unos’ económicos. Véase J.A. Fodor 1972 “Some Reflections on L.S. Vigotsky’s Thought and Language” in Cognition I, 83-95.
Como muestra Jerry Martien (op. cit.), el wampum era un lenguaje material de muchas-palabras. No es sorprendente que los europeos redefinieron el wampum en términos de su lenguaje uno-palabra material, el dinero.
Es como si fuera un momento en la pre-historia cuando los que podrían hablar fueron parte del grupo y los que no podrían fueron dejados para morir, en una estrategia cruel ‘evolucionista.’ Parece que estamos imitando ese momento pre-histórico. Los que ‘tienen’ la palabra están privilegiados y los que ‘no tienen’ parecen merecer morir. Desde los griegos para quienes los que no hablaban el griego fueran ‘bárbaros’ hasta los hablantes modernos de cualquier lenguaje que no es el inglés estándar, los que no poseen el lenguaje ‘muestra’ son excluídos de la categoría privilegiada.