Capítulo 2


El lenguaje y el dar

Dado que utilizamos el lenguaje durante todo el día, y gran parte de nuestro pensamiento ocurre en el lenguaje, éste influye fuertemente en nosotros—no sólo como un proceso o un instrumento, sino también como un modelo. Además, el lenguaje tiene el poder de surgir de los otros, de los muchos; establece una conexión profunda con las otras personas de la sociedad, y es un elemento fundamental de nuestra socialización en la niñez.

El hecho de que todas las sociedades humanas posean un lenguaje no implica que el lenguaje tenga una base genética. Hay otro aspecto que todas las sociedades comparten: el cuidado que las madres dan a los infantes. Esta constante social no depende tanto de la naturaleza biológica de las madres como de la naturaleza biológica de los niños, quienes nacen completamente dependientes. Si nadie se encarga de satisfacer sus necesidades, ellos sufrirán y morirán. Además, la satisfacción de esas necesidades se produce fuera de la economía del intercambio, porque los infantes no pueden devolver el equivalente de lo que reciben.

Por lo tanto, quienes cuidan de los infantes están forzados a ejercer un altruismo funcional. La sociedad a menudo privilegia las capacidades biológicas de la madre—tales como el embarazo, el alumbramiento y la lactancia—para asignarle a la mujer el rol de madre y de cuidadora. Las niñas son educadas con los valores que les permitirán actuar para beneficiar al otro, valores necesarios para cumplir su rol.

Si entendemos la co-municación como la materia nutricia o el regalo gratuito que conforma la co-munidad, podemos observar que el cuidado que la mujer brinda es la base de la unidad familiar de la comunidad. El núcleo familiar, especialmente la relación entre la madre y los infantes, es apenas un indicio de la comunidad basada en la amplitud del regalar, que pudo haber existido en tiempos pasados o que podría llegar a existir en el futuro. El aislamiento entre los subgrupos de una sociedad hace que el modelo del regalo sea débil, y la escasez en la que nos vemos obligados a vivir dificulta su aplicación, ya que muchas veces dicho modelo exige el autosacrificio y, por lo tanto, resulta poco realista.

Si bien la escasez hace difícil la nutrición, hay un elemento que poseemos en abundancia y para el cual contamos con los ‘medios de producción.’ Disponemos de una provisión ilimitada de lenguaje, que siempre nos permite producir frases nuevas. Nuestro vocabulario es finito, pero sus combinaciones son infinitas. El lenguaje se rige por la economía del regalo, ya que recibimos y damos palabras o frases de forma gratuita. No le otorgamos validez al regalo en nuestras vidas, no lo reconocemos como tal en la economía; sólo reconocemos la existencia específica del cuidado en la relación madre-hijo. Por eso nos resulta extraño que el regalo pueda relacionarse con el lenguaje. Con el lenguaje creamos los vínculos humanos que hemos dejado de crear a través de la co-municación material. El lenguaje nos brinda la experiencia de nutrirnos en abundancia, que ya no tenemos—o que aún no hemos obtenido—en el plano material.

Pienso que si el lenguaje es lo que permitió el desarrollo del hombre, es el aspecto del regalar en abundancia lo que marcó la diferencia y no el sistema abstracto. Si pudiéramos reinstalar una co-munidad donde se regalara en abundancia, podríamos desarrollarnos de nuevo, como pretenden los partidarios de la Nueva Era y muchos otros. De hecho, creo que la economía del intercambio impide nuestra evolución.

Según la lógica de la maternidad, el que nutre debe estar atento a las necesidades del otro. La recompensa para este comportamiento es el bienestar del otro. Hay muchas clases de necesidades y a veces es muy difícil comprenderlas y satisfacerlas. El dar y recibir genera expectativas y recompensas, permite el conocimiento del otro y de los bienes que satisfacen las necesidades, crea el compromiso de seguir cuidando y la expectativa de que se construya una relación en ese proceso. Cada participante es modificado de alguna manera por la experiencia.

Aún cuando los bienes materiales no estén disponibles o no se usen, puede surgir la necesidad de vincularse con la otra persona. Llamo necesidad comunicativa a esta necesidad de vincularse, de establecer una relación. Las palabras son artículos sociales verbales que han sido diseñados para satisfacer las necesidades comunicativas. Dado que utilizamos las palabras para satisfacer las necesidades comunicativas respecto de algo, podemos considerarlas como regalos. La madre primero nutre a su niño o niña con bienes y servicios, y luego lo nutre con palabras. El infante, a su vez, toma su turno con su madre dándole regalos comunicativos antes de brindarle regalos materiales.

Las palabras como regalos

Cabe preguntarse ahora por la materialidad del regalo verbal. Si bien podemos identificar una palabra como una unidad de sonido que se repite y que comparte esta característica con las demás palabras, sólo se la puede usar para satisfacer las necesidades comunicativas y no para satisfacer directamente las necesidades materiales. La palabra ‘pan’ no suprime el hambre. Sin embargo, las necesidades comunicativas permiten satisfacer indirectamente necesidades materiales. Por ejemplo, la frase ‘Hay pan en la alacena’ puede interpretarse como un servicio que ayuda a alguien a satisfacer la necesidad material de pan. El decir la palabra ‘¡pan!’ como un requerimiento satisface la necesidad del oyente de que el hablante sepa lo que aquél necesita. Podríamos considerar el léxico como una colección de regalos que satisfacen las diferentes necesidades comunicativas. Cada palabra es una secuencia de fonemas, un programa de comportamientos vocales, que puede ser identificado por la necesidad o las necesidades comunicativas que satisface.

Cocinar huevos duros implica una secuencia de comportamientos relacionados con diversos objetos materiales que satisfacen la necesidad de comer un huevo duro. Pronunciar la palabra ‘huevo’ implica una serie de comportamientos vocales que satisfacen las necesidades comunicativas, estableciendo una relación con otros respecto de cierto objeto (el huevo, en este caso). La capacidad de brindar información deriva de la especificación de una experiencia a través del uso de las palabras-regalo, porque la relación que se establece no es sólo con las palabras en sí mismas, sino también con las cosas en otros niveles de realidad. La capacidad de recibir información basándose en el uso de las palabras proporciona un valor a esas palabras porque satisfacen necesidades materiales y también porque satisfacen necesidades comunicativas.

Preguntarse si las palabras-regalo son bienes o servicios equivale a preguntarse si la luz está constituida por partículas o por ondas. Así como en nuestro planeta se ha desarrollado la vista para hacer uso de la luz, las necesidades comunicativas que las palabras-regalo satisfacen han proliferado para hacer uso de ellas. Es útil considerar la materialidad de las palabras como algo ubicado entre los bienes y los servicios. Los regalos del plano no verbal que ellas re-presentan pueden tener diversos grados de materialidad.

Desde el amor hasta el color verde, desde la Luna hasta el capitalismo, toda clase de cosas no verbales son re-presentadas por cosas verbales que constituyen la comunicación verbal y la formación de comunidades lingüísticas y, a veces, materiales. Así como el dar y el recibir bienes constituye los cuerpos físicos de los miembros de una comunidad, el dar y recibir objetos verbales contribuye a la formación de sujetos sociales con identidades psicológicas.

Relaciones

El dar y recibir palabras-regalo organizadas en frases y discursos crea una relación entre los seres humanos y las cosas en el mundo. La necesidad de comunicarse es la necesidad de relacionarse con el otro respecto de algo. No podemos obligar a una persona a relacionarse con determinado objeto o tema, pero podemos interpretar la falta de relación como la necesidad de un medio para establecer esa relación, y podemos satisfacer esa necesidad con una palabra-regalo. La necesidad surge de las circunstancias en que la gente se encuentra para hablar acerca de algo. Una persona da a otra palabras-regalo que re-presentan ciertas partes del mundo. Somos seres sociales y el lenguaje nos permite incluir a los otros en nuestra experiencia del mundo.

Si digo ‘Mire el atardecer,’ estoy satisfaciendo la necesidad del oyente de saber que está atardeciendo y que yo creo que es algo que merece ser visto. Al entregarle a esa persona esas palabras (que ya conoce) en el presente, satisfago su necesidad de una relación momentánea conmigo y con el atardecer, que es la misma necesidad que yo tengo de relacionarme con esa persona y con el atardecer. Se supone que yo estoy percibiendo el atardecer, de modo que la motivación de mi conversación es incluir a la otra persona en mi experiencia, satisfaciendo lo que yo entendí como su necesidad de ser incluida en esta relación. La sociedad en general nos ha provisto de la palabra ‘atardecer’ como una palabra-regalo que puede utilizarse para satisfacer las necesidades vinculadas con los atardeceres.

La recepción creativa de quien escucha esas palabras-regalo lo sitúa en una relación conmigo, y juntos dirigimos la atención hacia el atardecer. De ese modo, nos relacionamos no sólo mediante las palabras, sino también compartiendo una experiencia no verbal. La relación con una experiencia no verbal es en cierto sentido un regalo que llamamos información. Mirar con otro un atardecer puede ser una experiencia positiva, por cuanto satisface una necesidad estética, pero también hay informaciones decididamente negativas.

Por ejemplo, la frase ‘Yo te odio’ crea una relación que incluye mi emoción negativa hacia el otro. Esta emoción no es un regalo para esa persona, pero es útil que ella sepa que yo la siento, de modo que mi frase se convierte en un regalo de servicio, aunque sea negativa. Tanto en la vida como en el lenguaje, hay muchos niveles de regalos que están ocultos, que no percibimos. Decirle al otro cosas positivas puede nutrirlo, pero aun cuando le digamos cosas negativas o neutras, quien escucha tiene muchas maneras de recibir lo que se le ha regalado y de aprovechar la información de acuerdo con su creatividad para usar esos regalos.

La frase de Karl Marx citada al principio de este libro, “el lenguaje es una conciencia práctica que existe para los otros hombres, y sólo por esta razón existe para mí también,” identifica la lógica de la orientación hacia el otro con la lógica de la comunicación. Esto conduce a la segunda pregunta del Grial, “¿A quién sirve el Grial?” o en términos más simples, “¿Para quién es?” Esta pregunta, siempre pertinente para quien regala, sigue vigente en nuestra sociedad basada en las ganancias, donde no se pregunta ni se contesta.

Procesos generales y particulares.

La comunicación a través del lenguaje limita el rango de posibles experiencias del momento a un regalo compartido, que desde luego puede también incluir la mención de otros lugares y tiempos. A menudo nos proporciona un tema o el hilo de un cuento alrededor del cual podemos organizar nuestro comportamiento y volver juntos a visitar e interpretar nuestra experiencia. El hilo del cuento y los temas de nuestra conversación son regalos de ese terreno común, en el que crecen nuestras diversas objetividades.

El lenguaje opera combinando objetos constantes y generales de manera aleatoria y particular. Podemos identificar los objetos constantes y generales del lenguaje cuando extraemos las palabras del flujo de la conversación y las nombramos y definimos. Su generalidad resulta así evidente. En la frase ‘Los perros tienen cuatro patas, mueven la cola y ladran,’ consideramos los perros y la palabra ‘perros’ en su generalidad. Sin embargo, es el uso de las palabras en innumerables combinaciones dentro de frases particulares lo que les da su generalidad. Las palabras son el producto común de la comunidad, pero también son necesidades generales de la comunicación.

Cuando algo se vuelve relevante y valioso para muchos, a tal punto que las personas necesitan relacionarse con los otros respecto de ese tema u objeto, surge una palabra para llenar esa necesidad. Si la necesidad para la relación inclusiva es aleatoria y pasajera, llenamos esa necesidad creando una frase, combinando palabras que satisfacen las necesidades con respecto a los aspectos constantes de la cosa o del tema en cuestión. La necesidad de una comunicación aleatoria y pasajera puede surgir a partir de cualquier experiencia.

En la frase ‘Después de la tormenta, el sol hizo que las gotas de agua brillaran,’ una necesidad comunicativa contingente para relacionarse con otros considerando una situación particular transitoria es satisfecha al combinar palabras que a su vez pueden ser usadas en otras partes, en otras frases con respeto a otras situaciones contingentes. Los elementos de estas situaciones son relevantes para la sociedad en la comunicación verbal, de tal manera que una necesidad común surge del regalo verbal que les fue otorgado y una palabra constante sirve para satisfacer esa necesidad. En la homonimia, una misma palabra puede ser usada para satisfacer necesidades respecto de distintas cosas, y en la sinonimia, una cosa se puede relacionar con diferentes palabras.

Las necesidades se construyen unas encima de otras, y las necesidades de comunicación pueden surgir en contextos verbales y no verbales. Si la situación que da origen a la necesidad de comunicación contingente es muy compleja, podemos combinar frases que usamos para diferentes necesidades comunicativas y armar un discurso que se aplique a esa situación. Las frases trabajan juntas en los discursos para exponer un tópico en común, y para satisfacer las distintas necesidades de comunicación que hayan surgido.

La lógica del regalo es lalógica originaria

Algunos filósofos y lingüistas han explicado el lenguaje en función de estructuras lógicas subyacentes, tales como lenguajes más simples —lo cual no explicaría como trabaja el lenguaje en sí mismo— u otras estructuras y procesos elementales. Uno de estos procesos es el de causa y efecto. Se creía que era posible reducir la estructura sujeto-verbo-objeto a una estructura subyacente de causa y efecto. Por ejemplo, la frase ‘Juan mató a María’ podría traducirse en términos de causa y efecto como ‘Juan le causó la muerte a María.’ Me horroriza la hostilidad hacia la mujer (posiblemente inconsciente) que solemos encontrar en los ejemplos de los lingüistas. Tal vez se deba a la culpa que sienten por negar el paradigma del cuidado (¿María?) como explicación del lenguaje. Pero muchos lingüistas concluyeron que no era apropiado reducir el lenguaje al proceso de causa y efecto, tal vez porque no brinda información suficiente. En efecto, no conlleva las consecuencias de la relación humana que implica el regalar.

Sostengo que el regalar es el proceso lógico al que debe reducirse el lenguaje, no sólo porque nos permite interpretar las palabras como regalos que satisfacen necesidades, sino también porque la estructura sintáctica sujeto, predicado, objeto es equiparable a la estructura el que regala, el regalo (servicio), el que recibe. Por ejemplo, en la frase ‘La niña golpeó la bola,’ ‘la niña’ es la que da, ‘golpeó’ es el regalo y ‘la bola’ es el que recibe. La ‘traducción’ sería entonces ‘La niña le dio un golpe a la bola.’

La intencionalidad del regalar se encuentra en muchas acciones humanas y en la intencionalidad del hablar. El sentido de movimiento y la finalidad que transmite una frase transitiva simple es similar al movimiento y la finalidad que se producen cuando se da un regalo. En efecto, regalar es un acto transitivo, es el movimiento de algo desde un lugar o una persona hacia otro lugar u otra persona. En la frase en voz pasiva ‘La bola fue golpeada por la niña’ se coloca el énfasis en el que recibe y no en el que da el regalo.

El cuidado de la madre es un proceso social esencial en la vida del niño, y es el momento en el que se adquiere el aprendizaje del lenguaje. El cuidado es un elemento de la cultura universal, requerido por la biología—de los infantes y no por la biología de los adultos. Para cada una de las diferentes culturas, la maternidad es una parte de la naturaleza de las cosas, pero para las madres la necesidad de cuidar es social y su logro es intencional. La capacidad de la madre de lactar es una ventaja biológica que hace del cuidado algo conveniente, pero el cuidado es un deber en el contexto cultural dentro de los parámetros sociales. En la maternidad hay una transferencia intencional de bienes y servicios desde un adulto hacia un niño, desde el que da hacia el que recibe.

Esta experiencia es fundamental para los infantes, ya que su vida depende de ella. También es importante y formativo para las madres que cuidan, y cuando no lo es, ello se debe a que insume muchísimo tiempo. No debe sorprendernos que la mitad de la humanidad (las mujeres) sea educada desde su nacimiento para el cuidado materno, porque éste requiere de mucha atención y compromiso. Un libro reciente, The Language Instinct de Steven Pinker, atribuye nuestra capacidad lingüística a un don genético. De la misma manera, hasta hace muy poco tiempo, la maternidad era considerada instintiva. En ambos casos, la lógica del regalo está escondida por la negación.

La situación del cuidado es más fundamental que la condición de la objetividad. La experiencia de los regalos dados por la madre y recibidos por el infante es más básica para el ser humano que el conocimiento de la relación causa-efecto. La madre es la que da—su cuidado es el regalo o servicio—y el infante es quien recibe. Este proceso se desarrolla mientras el niño aprende el lenguaje, y tiene una estructura sintáctica de sujeto (el que da), predicado (el regalo) y objeto (el que recibe).

Si las palabras son regalos verbales que satisfacen las necesidades sociales constantes de la comunicación, en la estructura de una conversación interpersonal, el que habla es el que da, las palabras y las frases son los regalos, y el que escucha es quien los recibe. Las frases son combinaciones de palabras que satisfacen las necesidades contingentes de la comunicación. No es muy arriesgado pensar que el proceso de combinación de palabras pueda regirse, también, por la lógica del regalo.

La hipótesis de que el lenguaje se basa en el regalar y recibir nos permite observar los múltiples niveles en los que puede presentarse, y explicar los aspectos aparentemente misteriosos del lenguaje como elementos del proceso de regalar en cualquier nivel. Primero, hay un nivel de comunicación material—la madre le da regalos o servicios al infante. Segundo, hay una comunicación verbal—la madre le habla al niño. Tercero, las palabras son regalos sociales: cada uno satisface las necesidades comunicativas constantes. Cuarto, las palabras se combinan en frases que satisfacen las necesidades contingentes de la comunicación. Quinto, el mensaje y el tópico pueden considerarse regalos, cuando satisfacen la necesidad de saber algo o de hablar de algo. Sexto, en el nivel de la sintaxis (dentro de la frase), la relación sujeto-objeto-predicado re-construye la relación entre el que da, el regalo y el que recibe.

La relación sintáctica se produce en el nivel de las palabras, porque es allí donde las palabras re-presentan los regalos, que pueden ser negativos como en “El niño le pegó a la niña” o en “Juan mató a María” (traducción: “Juan le dio muerte a María”). En el nivel de la comunicación material, tal violencia es contradictoria y dañina, pues causa necesidades dolorosas y no satisface ninguna necesidad. Sin embargo, en la estructura de la frase, el proceso del regalo puede funcionar independientemente del nivel de la experiencia. Entonces, en la estructura de las frases “La niña golpeó la bola,” “Mamá hizo un pastel,” o “Juan mató a María,” el donante, el regalo y el receptor son los mismos, aunque en el nivel de la realidad, son eventos muy diferentes.

También existe un paralelismo entre la relación adjetivo-sustantivo o adverbio-verbo en el nivel sintáctico, y la relación regalo-receptor. En la frase ‘El perro café corrió rápidamente hacia el portón,’ ‘café’ se le da a ‘perro,’ ‘rápidamente’ a ‘correr.’ Los filósofos sostenían que café era una ‘propiedad’ de perro y que rápidamente era una ‘propiedad’ de corrió. “Café” se consideraba una propiedad porque le era dado a “perro.” Esto se debe a que la palabra ‘café’ modifica la palabra ‘perro,’ uniéndolos como un regalo y un receptor para satisfacer una necesidad contingente de comunicación en torno a un perro de ese color.

Los lingüistas suelen usar modelos matemáticos, algebraicos o científicos, en lugar de un modelo de vida—pues todavía afirman que las palabras ‘llenan las hendiduras’ de las otras palabras en una frase. Podríamos considerar los ‘hendiduras’ como las necesidades, y las palabras como los regalos que las satisfacen. Si una palabra sólo puede relacionarse con una clase específica de palabras (por ejemplo, el artículo determinado ‘el’ acompaña únicamente a sustantivos), es una clase de regalo que sólo puede darse a cierta clase de receptor. Solamente esa clase de receptor tiene una necesidad (‘hendidura’) para ese regalo. Algunas palabras y grupos de palabras sólo pueden estar acompañadas por otras determinadas; ellas solas no pueden dar el regalo, pero pueden servir a otras palabras o ser servidas por ellas.

Por ejemplo, ‘al portón’ tiene que servir a otras palabras; no constituye un regalo en sí misma, ni siquiera un donante, sino que es un regalo para el regalo. Si se forman vínculos entre el receptor y el regalo, tal vez podamos atribuir el mismo proceso a nuestras palabras. ‘Café’ le es dado a ‘perro’ por el que habla en un momento dado, satisfaciendo así la necesidad comunicativa que surge en torno al perro café. ‘Perro’ recibe el regalo ‘café’ y se une a este por el presente.

La transparencia y el ceder

Los regalos se dan en el nivel verbal que interpreta la realidad como la re-presentación en términos de regalar, pero en rigor son transparentes para la experiencia. Por ejemplo, los regalos son transparentes para el perro color café, (tenía ese color) señalado como parte de la experiencia o del tema que los interlocutores pueden compartir. La transparencia de la estructura del regalo remite a otra característica del regalar: el que regala se hace a un lado, o cede, y al desaparecer, le da valor al que recibe. Por lo tanto, podemos concluir que sólo lo que nosotros decimos es un regalo, como cuando transmitimos alguna información, y ésta es entendida y usada por quien la escucha. No nos damos cuenta de que la manera en que decimos algo es un proceso de regalo que se da en muchos niveles.

En el nivel de la ‘realidad,’ cosas que podrían haber sido regalos de la comunicación dan lugar a las palabras-regalo que toman su lugar. Esas cosas se hacen a un lado graciosamente, y permiten que las palabras ocupen su lugar. De hecho, la falta de competitividad de los regalos nos hace olvidar que muchos de ellos jamás podrían haber sido efectivamente transferidos de una persona a otra. Las ideas abstractas, los objetos materiales inmensos, las criaturas fantásticas, los estados subjetivos, se hacen a un lado con ecuanimidad y permiten que las palabras ocupen sus lugares y tomen sus valores.

En otro nivel, se puede decir que las emociones que acompañan nuestro discurso o el mero hecho de hablar con los otros nutre a esos otros y crea vínculos. Sin embargo, por lo general no reconocemos las estructuras del regalo en el lenguaje, porque ellas también se hacen a un lado; al otorgarle valor a lo dicho y al que escucha le dan su lugar al receptor de los regalos verbales. Otra razón por la que no percibimos las estructuras del regalo es porque son diferentes de las estructuras del intercambio, y porque sus niveles no se han formado de la misma manera. Las estructuras del intercambio se apoderan de las estructuras del regalo, del mismo modo en que se construyen instalaciones militares sobre manantiales sagrados de mujeres.

La capacidad interpretativa del regalar ha sido negada y su lugar lo ha ocupado una visión interpretativa basada en la ‘penetración’ de la mente. Las frases como ‘la manera en que las palabras se enganchan con el mundo’ o ‘llenar las hendiduras’ sugieren metáforas de la sexualidad masculina. En cambio, desde la perspectiva feminista basada en la maternidad, la relación entre el mundo y las palabras consiste en una relación entre regalos en diferentes niveles, donde la realidad misma es un regalo, tanto en el sentido de don como en el sentido de dato de la experiencia. El mundo se hace accesible para los seres humanos a través de los regalos del lenguaje en los múltiples niveles, lo cual redunda en la transmisión de mensajes, ideas e información, y en la difusión de la cultura. Desde este punto de vista, deberíamos llamar a nuestra especie homo donans y no homo sapiens. El regalar y el recibir es anterior a—y necesario para—nuestra manera de conocer; es la base de una ‘gramática’ universal no sólo del lenguaje sino de la vida.

Transitividad

También podemos observar la estructura del regalo en el nivel de la transitividad lógica. Esta propiedad, expresada como “Si ‘A’ implica ‘B’ y ‘B’ implica ‘C,’ entonces ‘A’ implica ‘C,’” se puede considerar una transposición de la transitividad del regalo: “Si ‘A’ da a ‘B’ y ‘B’ da a ‘C’ entonces ‘A’ da a ‘C.’” Cabe afirmar que tanto la lógica como el lenguaje derivan de la maternidad y no de la capacidad de abstracción. Las conexiones lógicas (artículos, preposiciones, partes del discurso, prefijos, sufijos) alteran la clase de regalo que son las palabras, pues son dadas a las palabras y se articulan con ellas de diferentes maneras. La respuesta a las preguntas ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, etc., satisface las necesidades comunicativas que surgen alrededor de las capacidades de dar y recibir.

Cuando se describe una experiencia, la transacción del regalo no es completa; sin embargo, podemos usar la estructura del regalo para transmitir el mensaje al receptor: ‘El perro café corrió hacia el portón’ es una frase ‘intransitiva.’ El perro sólo se da en forma aparente; presenta (da) el comportamiento para que nosotros lo percibamos. La información adicional que se da con ‘hacia el portón’ aumenta el carácter útil de la frase pues señala hacia dónde se dirigía el comportamiento de correr. ‘Hacia el portón’ le da una ubicación a ‘corrió’ y lo hace así más específico.

El patriarcado ha asignado ‘actividad y creatividad’ al hombre y ‘pasividad y receptividad’ a la mujer, porque ha ignorado la creatividad intrínseca del regalar y el recibir. Tanto el regalar como el recibir son creativos. El uso de lo que se nos ha dado es necesario para que lo recibido sea un regalo. Si no lo usamos, es inútil, no tiene vida. El hecho de que la capacidad de recibir sea tan importante como la capacidad de dar se manifiesta en nuestra capacidad de transformar las oraciones activas en pasivas, y viceversa. Más aún, el que recibe en un determinado momento, se transforma en el que regala cuando pasa el regalo a otras manos. En la oración ‘La niña golpeó la bola que golpeó la ventana,’ el que habla puede ser considerado el receptor de una experiencia, que a su vez transmite la experiencia al que escucha.

Quien habla podría ser considerado la que recibe una experiencia, la cual ella transmite nuevamente al que escucha. Quizás la que habla podría ser considerado como el término medio en una transacción del regalo. ‘A da a B, B da a C.’ La que habla (B) al describir un evento pasa a otro (C) el regalo que la vida le ha dado, así es’como son las cosas,’ o la realidad (A). Ella da un regalo que también involucra su creatividad receptiva: B ya ha seleccionado algunos de los rasgos de su experiencia que son más importantes que otros. Su re-presentación da valor a los elementos que ha seleccionado.

El que escucha pone el énfasis en algunos de los elementos que se le han dado y colabora de forma creativa en la elaboración del producto que recibe. El estereotipo de género y la importancia que la sociedad otorga al intercambio sugieren que hay una gran parte de la actividad humana (masculina) que no es regalo, que no está dirigida a la necesidad. Si volvemos a colocar el paradigma del regalo en su lugar central, advertiremos que gran parte de la actividad humana se orienta a la satisfacción de las necesidades en algún nivel. El lenguaje aparece entonces como una consecuencia de esto; no como una concatenación material de actividades (verbales), sino como una colección de regalos y de maneras de dar y recibir, vinculados con las necesidades comunicativas que surgen de la experiencia y que proliferan en muchos niveles, siempre que se disponga de abundantes medios para su satisfacción.

Muchas de las palabras que usamos para conversar están relacionadas con “regalo”: atribuir una propiedad, dar un significado o un mensaje, transmitir información. El lenguaje, el medio de expresión de la comunidad, ha hablado de sí mismo, pero nosotros no le hemos prestado atención porque hemos estado escuchando al patriarcado. El lenguaje no decía lo que nosotros esperábamos. Lo hemos interpretado como una metáfora postal—como un paquete o codificador de la información que se envía, se abre y luego se decodifica. Pienso que la metáfora postal es una manera de esconder el regalo dentro del envoltorio.

Vemos al mundo a través de la lente del intercambio, por lo que podríamos interpretar este tomar de turno como una forma de intercambio. La motivación de tomar turnos no implica una reciprocidad forzada, sino compartir, alternar el dar y recibir, y comunicación.

Según el Oxford English Dictionary, la palabra “thing” (“cosa” en inglés) deriva de una antigua palabra noruega que significa “corte,” lo que, en mi opinión, implica el juicio colectivo acerca del valor de algunos artículos culturales. Considero que tanto las palabras como los objetos no verbales son de distintas clases y presentan diversos grados de materialidad, según el juicio colectivo acerca del valor de dichos objetos.

Cabe considerar que las palabras que dan cabida a expresiones idiomáticas ocurren entre la constancia de la palabra y la contingencia de la frase.

Steven Pinker, The Language Instinct, Penguin Books, Londres, 1994.

El hecho de que varíe la forma de expresar estas funciones en los diferentes lenguajes y en el orden de las palabras y la sintaxis, no invalida la hipótesis de que dar y recibir son estructuras de comportamiento de las cuales derivan esas funciones.

Hay una gran cantidad de comunicación que no es verbal y que ocupa un espectro entre la maternidad material y el lenguaje. Sin embargo, es el extremo más abstracto del espectro, que el lenguaje debe ser entendido primero, para luego poder ver bajo esta luz la comunicación que no es verbal.

De esta manera, la frase “la mujer enferma” atribuye la enfermedad a una mujer según una estructura de regalo, creando un tema del que se puede hablar; sin embargo, la enfermedad es un regalo que no se quiere compartir.

Los regalos verbales, o no verbales, no son arbitrarios porque se dan para satisfacer necesidades y crear relaciones. Pero los regalos substitutos no tienen que aparecer o sonar como los originales.