Capítulo 10


Valor



“Gracias a la vida”

Si tomáramos en serio el regalar, podríamos entender mejor nuestra relación con la realidad como un hecho. Hay una cierta ‘fibra’ en nuestra experiencia que surge de nuestra capacidad de dar y de recibir. Hemos evolucionado hasta poder percibir las cosas en este nivel. Por ejemplo, percibimos las manzanas como objetos rojos de forma redonda que podemos tomar de los árboles, comer o dar a otros para que las coman, y no como una suma de átomos, porque no podemos darlas ni recibirlas en su forma atómica. Podemos pensar que sería posible nutrirnos con esas partes de la naturaleza como átomos (tal vez por ósmosis), pero sería muy difícil que pudiéramos nutrirnos entre nosotros con esos elementos. Por ejemplo, transportar átomos de un lugar a otro, manipularlos y prepararlos, abasteciendo a otras personas, sería muy difícil. En el nivel de la percepción, con la integridad física y la destreza que hemos desarrollado, nos podemos nutrir fácilmente con cosas de cierto tamaño y de cierta clase. El lenguaje expande esta ‘fibra’ que da y recibe, agregándole dimensiones de importancia colectiva, de abstracción, de generalidad, de imaginación, de espacio y de tiempo.

Podría desarrollarse una teoría que identificara el conocimiento con la gratitud experimentada por el individuo receptor de los regalos que le han dado la vida, la naturaleza, la cultura y los otros individuos. En gratitud, respondemos a nuestra experiencia y recordamos los regalos y su origen—la comida que comemos y las palabras que aprendemos, las personas que nos los dan y las culturas de las que provienen. Quienes carecen de las cosas buenas a causa de la pobreza, de la crueldad o de la enfermedad, se están privados del derecho humano al conocimiento y a experimentar los regalos de la vida con gratitud. (La canción “Gracias a la vida” de Violeta Parra expresa la gratitud que todos nosotros, ricos o pobres, podemos sentir por esos regalos básicos de la vida.) Desafortunadamente, hemos equivocado nuestro agradecimiento, pasándolo de la madre al padre, y hemos puesto nuestra fe en este cambio y en el intercambio. Por lo tanto, nosotras estamos más conscientes del padre y del intercambio; sabemos más de ellos que del regalo, que hemos aprendido a no agradecer. Consideramos el intercambio y el ego como necesarios para nuestra supervivencia, y estamos agradecidos de poder participar en el mercado.

Receptividad creativa y la ‘fibra’ que da

 

Si consideramos la receptividad como algo pasivo (y la pasividad como algo receptivo), nunca comprenderemos nuestras interacciones con el medio ambiente, con el lenguaje y entre nosotros. De hecho, las cosas tienen cualidades que son valiosas para nosotros porque podemos responder a ellas o recibirlas. (No es que existen porque nosotros podemos recibirlas, sino que son útiles porque podemos usarlas para satisfacer nuestras necesidades.) Una manzana nos parece roja, redonda y buena para nosotros, porque estamos adaptados física, psicológica y socialmente para recibirla y usarla de forma creativa. También estamos adaptados física, psicológica y socialmente para recibir creativamente la palabra ‘manzana,’ a la que atribuimos algunos de los valores culturales de las manzanas, porque la palabra es el sustituto del regalo en la co-municación (aunque en sí misma no es ni roja, ni redonda, ni rica para comer). Si hubiésemos sido capaces de recibir creativamente las manzanas como un conjunto de átomos, habríamos evolucionado para percibirlos de esa manera. No tenemos ninguna manera de manipularlos o compartirlos entre nosotros en ese nivel. En su lugar, hemos evolucionado física y culturalmente para percibir las manzanas redondas y rojas asistidos por al lenguaje. La clase de percepción de nuestros sentidos es apropiada para el nivel de complicación de nuestra actividad. En este mismo nivel, percibimos el sonido como tal y no como vibraciones del aire.

Las percepciones de objetos de fibra más fina, tales como un conjunto de átomos y la acción de las enzimas en nuestro tracto digestivo, o de ‘fibra más gruesa,’ tales como la migración de familias o grupos, no son accesibles per se, porque no contamos con formas creativas para darlas y recibirlas. Los instrumentos y los métodos como los microscopios y las estadísticas sociológicas han sido desarrollados para estudiar eventos en diferentes niveles de complicación con el fin de satisfacer las necesidades—que a su vez son finalmente percibidas en el nivel cotidiano. La meta suele ser la de producir una ganancia, por ejemplo, en el caso de las enzimas de medicinas inventadas o en el caso de los trabajadores inmigrantes, utilizados como mano de obra mal remunerada. Sin la información provista por las disciplinas especializadas, debemos recibir pasivamente las influencias de una realidad de fibra fina o gruesa. Una vez que los alimentos ingresan en el estómago, no los percibimos en el nivel de regalos, pero permitimos pasivamente que se dé el proceso automático de las enzimas.

Nuestro lenguaje y el mundo que percibimos están finamente sintonizados a un nivel en el que podemos dar y recibir entre nosotros, sin instrumentos especiales, sin microscopios, sin telescopios, sin encuestas ni estadísticas. Si consideramos este nivel como fuera del lenguaje, es el nivel de ‘datos percibidos,’ el mundo determinado. Sin embargo, sólo podemos considerarlo así si tenemos lenguaje. Si el lenguaje originalmente se deriva de la co-municación material de dar regalos, su fibra se ha convertido, por ahora, en una fibra más fina que el de los regalos materiales que actualmente pueden ser otorgados por los seres humanos entre sí. Podemos comunicarnos acerca del color rojo en el pecho de un petirrojo que canta en el árbol; sin embargo, no podemos compartir ni el color ni la ubicación.

Gran parte de la investigación científica y filosófica trata de la naturaleza de los datos de los sentidos y de los hechos de la experiencia. Sin embargo, ambas clases de investigaciones se producen después de que la modalidad de la co-municación de dar y recibir se ha establecido en el cuidado de la niñez, y el lenguaje ha sido aprendido por quienes hacen la investigación. Los datos de los sentidos y las experiencias pueden ser interpretados como hechos, después de que la nutrición ha establecido el regalar y el recibir de la fibra gruesa como importante y el lenguaje les ha dado el análisis de fibra fina configurada por el proceso colectivo.

La extensión del número de palabras-regalos sustitutos que cubren los aspectos de la experiencia que no son hechos directos proveen la fibra fina colectiva que permite que regalos que no se han dado sean comprendidos como hechos de una fibra fina. Por eso, podemos recibir el color rojo, la ubicación momentánea del petirrojo, las historias geológicas, biológicas y culturales detalladas del mundo como hechos, porque nos podemos comunicar acerca de ellas y satisfacer así las necesidades comunicativas de cada uno, estableciendo relaciones lingüísticas entre nosotros respecto de aquéllas, a pesar de que no podemos entregarlas en la mano.

Hay varias razones por las cuales ciertos regalos no se pueden dar. Por ejemplo, una montaña no se puede regalar porque es muy grande. El color rojo no se puede dar porque está firmemente adherido a los objetos de los que forma parte: podemos regalar una bola roja, pero no podemos dar el color rojo sin la bola—o la bola sin alguna coloración. De manera alternativa, si el color rojo es sólo una sensación subjetiva, aquello que queda después de ver una imagen, no puede ser percibido por los otros y mucho menos ser entregado. Algunas cosas, tales como hechos o eventos, no pueden ser dados directamente, porque son transitorios y fugaces.

Por ejemplo, el hecho de que un pájaro esté cantando en la rama de un árbol no se puede dar como tal, porque es pasajero y sus componentes pueden cambiar en cualquier momento. El pájaro puede dejar de cantar en cualquier momento y volar, creando así uno o varios eventos nuevos. Sin embargo, podemos asir (recibir) los eventos fugaces como regalos y podemos regalarlos a su vez, si relacionamos constantemente los elementos constantes y repetidos (el pájaro, el canto, y el árbol) con los regalos sustitutos—esas palabras que la gente usa para intercambiar regalos en la sociedad. Combinando estas palabras de manera ordenada (junto con palabras de instrucción meta-regalos o ‘marcas’ como ‘el/la,’ o ‘en,’ o ‘-ando’), también los hacemos dar y recibir entre ellos—haciendo regalos sustitutos de una vida relativamente corta (frases) que nos permite recibir y dar entre nosotros. De esta manera, hacemos posibles regalos que de otra forma no existirían, conformando una co-munidad respecto de ellos. Por medio de esos regalos, somos capaces de recibir en forma creativa esas experiencias, siempre cambiantes, en un suelo común que se nos da a todos en conjunto.

Una vez que aprendemos a co-municarnos y a usar el lenguaje, no necesitamos practicar cualquier cosa todo el tiempo. Podemos hacer a un lado el lenguaje y considerar simplemente lo que nuestros sentidos nos dicen, pero no podemos negar que el lenguaje está ahí cuando nos aproximamos al mundo sin él. Es más, hacer a un lado el lenguaje es un proceso que requiere su uso. El mundo que experimentamos es un regalo y algo que nos es dado, que nosotros en forma creativa podemos recibir y dar partes de él, ayudados por nuestra capacidad de dar y recibir los regalos sustitutos verbales (y no verbales), a los que las cosas dan su valor en aras de la comunicación. (La mayoría de las cosas probablemente no son regalos que intercambiamos entre nosotros, pero porque tenemos el paradigma del regalo, lo podemos interpretar bajo esa luz.) Igual que recibir, ceder puede ser creativo y atribuye valor al otro. Las cosas ceden a las palabras como regalos porque nosotros las obligamos a hacerlo —les damos un sustituto—pero también hacemos que las palabras hagan lo que nosotros queremos. El ceder le da valor al otro por implicación en la misma forma que dar implica el valor del otro. El valor otorgado a las palabras por las cosas que ceden su lugar a los regalos, se cumple gracias al valor que la gente les da a las palabras como el medio de satisfacer las necesidades co-municativas del otro. Por lo tanto, las palabras son recipientes de las atribuciones de valor provenientes de dos direcciones (además del valor que tienen por su posición en la langue). Colocándose juntas en el presente, permitiendo que el espacio sea ocupado por palabras combinadas, las cosas parecen relacionarse entre sí y parecen ser más valiosas que aquello que las rodea, y nosotros enfocamos nuestra atención en ellas.

La mediación lingüística de una percepción o de una experiencia constituye un regalo secundario que nos permite un acceso común a la percepción o a la experiencia como valor o como un bien comunicativo o material para satisfacer necesidades. Consecuentemente, podemos actuar en ciertas formas hacia ese bien, que podemos dar o recibir, consumirlo solos, turnarnos para usarlo, combinarlo con otros bienes, apartarlo o guardarlo para más tarde, etc. También podemos, simplemente, satisfacer necesidades comunicativas con respecto a algo convirtiéndonos en perceptores comunes—perceptores de manzanas, por ejemplo. Cuando conocemos un lenguaje, podemos también pensar en la subjetividad de las manzanas sin referirlas directamente con palabras. Mantenemos una dirección de pensamiento hacia la comunidad porque la potencialidad de las necesidades comunicativas y de las palabras-regalo que las satisface siempre está ahí.

El valor que las cosas dan a las palabras y el valor que las palabras dan a las cosas en el nivel del léxico (langue) poseen una fibra más gruesa que el valor atribuido por las frases. De hecho, las palabras, como las cosas, son regalos generales de la cultura, que son recibidos con creatividad por la cultura, y revividos por los individuos (siendo los muchos más que la suma de los ‘unos’). Excepto en los casos especiales del nombrar, la enseñanza de definiciones y del lenguaje, el uso de las combinaciones de palabras en la frase, proveen los regalos que los individuos regalan a los otros que los reciben de forma creativa. La satisfacción de los regalos de comunicación y los atributos de valor son de una fibra más fina que la de las palabras sueltas. Existen dos tipos de procesos—el regalo metalingüístico de las palabras a través de nombrarlas y definirlas (sobre este proceso se constituyen la masculación y el intercambio), y el lenguaje que usa los procesos de regalo para facilitar la co-municación, el desarrollo del sujeto social y el objeto, su comunidad, su mundo y su percepción del mundo. La existencia de diferentes niveles permite la entrega y la recepción individual en base a la entrega y la recepción social, en un juego entre las diferentes ‘fibras.’

Las cosas más importantes y valiosas requieren nuestra atención creativa y receptiva. Apreciamos los valores que ya tienen, a la vez que les atribuimos valor. La apreciación y la atribución son parecidos al recibir y al dar de forma creativa. La gratitud es un aspecto de ambas. Usamos cosas para satisfacer necesidades y atribuimos valor a los otros (o a nosotros mismos) satisfaciendo necesidades.

Los múltiples valores del mundo para los seres humanos están registrados en el lenguaje. En un proceso similar, el valor de cambio de las mercancías se registra en el dinero. Cuando recibimos de otros la satisfacción de nuestras necesidades (y la implicación consecuente de nuestro valor para ellos), podemos apreciar con gratitud lo que hemos recibido y a quienes nos lo han dado. Podemos ignorar a aquellas personas que son la fuente de nuestra satisfacción y creer que nosotros mismos somos esa fuente. En la comunicación lingüística (y en otras formas de comunicación basadas en signos), podemos compartir un punto de vista y atribuirles valor o poner atención a las mismas cosas, seleccionando aquellas que son relevantes en nuestras experiencias continuas y usando los regalos sociales que ocupan el lugar de aquellos regalos o hechos materiales (o inmateriales).

Focalizamos nuestra atención en aquello a lo que otorgamos valor; dirigimos nuestra receptividad creativa hacia ello. Lo que no valoramos está fuera de nuestra atención. Lo que nos motiva para otorgar valor a algo depende de nuestras necesidades y de una síntesis de experiencias anteriores y de las atribuciones y apreciaciones previas de valor. El medio colectivo de otorgar valor, que es un regalo colectivo (la palabra), revolotea en nuestras mentes para ser usado en experiencia continua en la que surja la necesidad. Originalmente, la necesidad es interpersonal, aunque cuando estamos solos, pensando, podemos usar las palabras para satisfacer nuestra necesidad de comunicación comunitaria, atribuyendo un valor social mediatizado a varias partes de nuestras experiencias y trayéndolas en el presente a un primer plano, cuando las necesitamos.

El valor, un meta-regalo

 

El valor puede ser interpretado como una clase de meta-regalo, en la que se presta atención a algo para causar o alterar la donación de nuevos regalos. Implica aislar algo sobre lo que la atención receptiva creativa se focaliza. A menudo, atribuimos al objeto que captura nuestra atención la cualidad de ‘algo para los otros y por lo tanto también para nosotros.’ Puesto que el regalar es un acto que ha sido invisible y sin valor, no hemos pensado en asociar el valor con el proceso de regalar y, por eso, éste se ha mantenido en el misterio. El valor de cambio ha tomado el lugar del concepto del valor, convirtiéndose en su ‘muestra.’ En cambio, los otros aspectos de orientación hacia el otro del acto de regalar no desaparecen, sino que se instrumentalizan para ser usados por el ego. El regalar está embebido en el cambio y es inducido a contradecirse a sí mismo. La lógica de estos dos pasos requiere que midamos la satisfacción de las necesidades del otro con la satisfacción de nuestras necesidades, y ambas con una pauta común para todos. En consecuencia, todas las necesidades dependen de procesos contradictorios para su satisfacción.

El intercambio se convierte en un hecho de la vida siempre presente, y nosotros le damos valor a éste como un prerrequisito para la supervivencia de todos. Al hacer esto, escondemos y desacreditamos la acción de regalar, negando así la orientación hacia el otro inherente al regalo. Cuando hacemos que este aspecto desaparezca, el valor no puede ser comprendido correctamente, y las conexiones entre el valor de cambio y otros valores de la cultura se esconden y se niegan. Se divide el valor y se lo conquista. Sólo otorgándole valor al regalar podemos comenzar a resolver el rompecabezas del valor, y restaurar el contenido de la orientación hacia el otro.3

El valor es básicamente un mecanismo para (re)distribuir el regalo. Es un regalo de energía y atención a los regalos, que nos permite seleccionar entre muchos regalos, para otros o para nosotros mismos. Al enfatizar el valor del intercambio, distorsionamos el mecanismo colectivo de la distribución—lo alejamos de las necesidades y del dar, aplicándolo a un número reducido de cosas que tienen valor para los procesos de intercambio y de mercado. El egoísmo y el valor (y la atención) que le damos pueden ser considerados como los efectos de preparar y practicar esos procesos. Estamos acostumbrados a enfocar esto desde el otro lado—como si el intercambio y el mercado fueran el resultado natural del egoísmo y de la avaricia humana. Este punto de vista y los valores (la re-distribución de los regalos) que promueve, ayudan a mantener el monopolio del proceso de intercambio.

Modalidades del valor

 

El valor es al mismo tiempo atribuido y apreciado—libremente entregado a las personas, a las cosas y a las palabras, y recibido de ellas. Puede involucrar un proceso de autoestimulación en el sentido de que le otorgamos valor a algo cuando lo aislamos y nos focalizamos en él. Luego volcamos nuestra receptividad creativa en él, apreciando así su valor. Más tarde podemos olvidar nuestra parte en esa atribución, que dimos libremente. Seleccionar una cosa entre muchas cosas, resaltándola, adaptar a nuestras necesidades y donarla a otros para satisfacer sus necesidades, son procesos mediante los cuales atribuimos valor a las cosas y apreciamos ese valor. También, por implicación, transferimos ese valor a los otros y a sus necesidades, del mismo modo que damos cosas para satisfacer sus necesidades. (Podemos atribuir y apreciar su valor directamente, simplemente préstandoles atención.) La donación de un regalo-sustituto, que incluye a otros en esta transacción, también otorga y aprecia el valor de esa clase de cosa y de los otros que se incluyen mutuamente.

Hay cuatro modalidades principales de atribuir y de apreciar valor: el cuidado, el lenguaje, la masculación y el intercambio. Creo que los dos primeros son la norma (el cuidado y el lenguaje) y los dos últimos son las distorsiones (la masculación y el intercambio). En la medida en que somos capaces de observar la norma, estamos mejor capacitados para comprender las distorsiones. Y, análogamente, en la medida en que somos capaces de ver las distorsiones y sus consecuencias, somos capaces de entender mejor la norma.

           

La atribución del valor y el cuidado

La felicidad—no la búsqueda de la felicidad—no sólo es un derecho, sino una necesidad epistemológica, si la gratitud es un elemento básico para el conocimiento. El ‘captar’ generalmente se asocia con la comprensión y se lo considera una necesidad para el conocimiento, pero solamente es una parte específica pequeña del recibir—derivada de la escasez. Privando a las personas de la abundancia, de la posibilidad de dar y de recibir, las privamos de ser humanos. El homo donans (y recipiens) precede al homo sapiens.4 Pues lo que conocemos son los regalos, y nuestro conocimiento es la respuesta agradecida a ellos, sea a la leche materna, a los hechos de la experiencia, a las palabras y frases, a los aguaceros, a los autos nuevos, a las obras de arte o a los pasteles de arándanos. (Estamos agradecidos de saber cosas negativas y también cosas positivas, porque ese conocimiento es útil para enfrentarnos con el mundo.) Si alguien satisface nuestras necesidades, podemos apreciar lo que valemos para esa persona y le atribuimos valor. Parte de nuestra gratitud es la disposición de apreciar aquellas cosas que nos han cuidado en particular. Esto no es un intercambio, tomamos momentáneamente al que nos da como nuestro modelo, y luego podemos cuidarnos en nuestros propios turnos.

Los cuidados confieren valor al que recibe por implicación. A menudo, quien da desaparece como fuente para que parezca que la causa del regalo es el valor o la importancia de quien lo recibe. Por ejemplo, la madre nutre a su bebé porque el niño es lo que importante y no ella. Sin embargo, si ella y sus cuidados no fueran importantes, el bebé moriría. El valor es, por lo tanto, una proyección muy útil, tanto para el individuo como para la cultura y la comunidad. El tejido de la vida diaria está compuesto de atribuciones innumerables de valor y es quizás por esa razón que ha recientemente (al fin) atraído la atención de los filósofos.

Una de las formas de dar valor a los otros es provocando, honrando, realzando, especificando o educando sus necesidades. Las madres, por ejemplo, se fascinan cuando sus bebés pueden comer alimentos sólidos, y les hacen probar diferentes alimentos para saber qué les gusta. La enseñanza se puede entender como el realce de las necesidades de los otros para saber acerca de las diferentes clases de cosas.

Al conocimiento de los diferentes medios para cuidar que se transmitían por la línea de la mujer, de las abuelas a las madres y de éstas a las hijas, se le atribuía valor y se lo apreciaba en la cultura material. Estos valores y la manera de atribuirlos se han perdido, en la medida en que los cuidados han sido absorbidos por el intercambio. La publicidad educa ahora nuestros deseos, no el amor, la inteligencia, no la orientación hacia las necesidades del otro ni la imaginación de nuestras abuelas para satisfacer las necesidades. El valor del que recibe no está implicado ni directa ni maternalmente, sino sólo a través del mercado—como el que se lo ‘merece’ o como la responsabilidad de un estado que cuida.

Otorgamos valor a las cosas que nosotros creemos que son particularmente útiles para los otros o para nosotros. Luego apreciamos el valor de esas cosas útiles.5 La atribución de un valor es un regalo de nuestra disposición a comportarnos con cuidado hacia algo, siendo éste un elemento de nuestra gratitud. A la inversa, la apreciación (de la que la gratitud es un aspecto) es un elemento del atributo del valor. Las dos actitudes están entrelazadas, pero el atributo es más activo y refleja el dar, mientras que el aprecio es más receptivo y refleja el recibir.6

La atribución de valor al lenguaje

 

Las cosas son relevantes para las personas por su uso en relación con sus necesidades. Las necesidades proliferan y se diversifican según las formas en que son satisfechas. Y hasta cierto punto, se identifican con aquellas cosas que las satisfacen.7 En el lenguaje, atribuimos cierta cualidad al valor co-municativo de la clase de una cosa a una palabra que ocupa el lugar de la muestra no verbal (usualmente) y que funciona como un regalo sustituto para ser usado en la formación de relaciones e interacciones entre las personas. La cosa o la clase de cosa momentáneamente se hacen a un lado como un posible regalo, y la palabra (que tiene un valor por su posición en la langue) se convierte en el vehículo para su valor en la comunicación, i.e., estableciendo o modificando las relaciones humanas con respecto a esa clase de cosa. La palabra se convierte en el vehículo del valor de las cosas en su uso para establecer o modificar las relaciones humanas. Porque cada clase de cosa (y por lo tanto cada palabra) tiene un valor que es cualitativamente diferente de los otros con los que se relaciona en diferentes necesidades humanas,8 la combinación de unas pocas palabras de acuerdo con el patrón del regalo en cualquier afirmación o proposición puede servir para expresar (dar) información específica.

Seleccionamos parte de nuestras experiencias como hechos a los que debemos prestar atención, y damos regalos nuevos ordenando de nuevo los viejos. Satisfacemos las necesidades comunicativas del que escucha, mientras satisfacemos nuestras propias necesidades. Podemos recordar aquello que fue seleccionado y enfatizado en nuestra co-municación, guardando esta información para ser aplicada a algún material en el futuro o a nuestras necesidades de comunicación. No son los códigos sino la lógica y la práctica de regalar las bases de nuestro entendimiento.

Un código es solo una colección de signos abstractos. En el sentido criptográfico, sirve más para esconder que para expresar la verdad. El lenguaje, como la vida, está manejado por las necesidades. La habilidad para satisfacer las necesidades de los otros es el aspecto de la vida que crea a la sociedad y hace que nos desarrollemos culturalmente—e incluso biológicamente con el tiempo. En otras palabras, usamos los regalos con otros propósitos—no para lograr el producto equivalente en un intercambio, sino para alterar la relación del otro con el ambiente, poniendo en primer plano un valor para ellos en el presente. Esto nos permite compartir la relación con ese valor. Cada uno de nosotros sabe lo que el otro aprecia o conoce como un valor en determinado momento. Seleccionamos esa parte de nuestra experiencia como seres sociales sobre la base de lo que ha sido seleccionado para satisfacer antes las necesidades de los otros, algo que resulta evidente en el léxico. Dándonos regalos sustitutos entre nosotros, juntos damos un valor social a la misma cosa en determinado momento, y así podemos co-ordinar nuestras acciones y actitudes hacia esa cosa.9

Las selecciones que hacemos, en el transcurso de nuestras experiencias, son similares a las del proceso de selección que hacemos en el desarrollo de los conceptos. Pero en el discurso (puesto que satisfacemos necesidades comunicativas presentes y eventuales más que necesidades generales del proceso del concepto o necesidades metalingüísticas de la definición), estamos regalando en muchos niveles. Nuestras experiencias e interacciones traen las cosas a nuestra atención verbal y no verbal (convirtiéndolas en ‘hechos’) y empujan siempre otras cosas al plano de atrás, por así decirlo (convirtiéndolas, por lo tanto, en ‘no-hechos’ en el presente). Incluso una frase tan simple como ‘la niña pegó a la bola’ recoge una parte de una experiencia compleja. En lugar de ello, podríamos haber dicho ‘el cielo era azul sobre el campo de béisbol’ y/o ‘un jilguero estaba cantando.’ Si decimos ‘la bola quebró el vidrio’ estamos construyendo los hechos que son los regalos de ‘la niña pegó a la bola.’

Las necesidades de comunicación (y los deseos) surgen para que nos relacionemos entre nosotros (confirmando que somos valiosos) y focalicemos aspectos de las cosas que pueden no ser obvios para la otra persona. De hecho, nuestra atención nos está diciendo algo como ‘puede haber un regalo ahí.’ Al satisfacer las necesidades de comunicación se focalizan algunos aspectos de la situación relevantes para los interlocutores. Les da un primer plano común y valioso y un segundo plano común y menos valioso. Juntos, los interlocutores consideran que algunos elementos de la situación son relevantes y otros irrelevantes. Ellos atienden a las mismas cosas. Entonces, lo que ha sido puesto en el fondo en una instancia puede ser puesto en el primer plano en otra instancia. Cuando satisfacemos las necesidades comunicativas de los otros con respecto a algo—lo que hemos visto como un regalo para ellos en relación con nosotros—han sido incorporados para participar con nosotros en el presente. Una relación se estable como compartida con respecto al regalo que el hablante ha dado pero el oyente que ‘tiene’ la mayoría de las mismas palabras hubiera podido dar (diferente de satisfacer las necesidades materiales en que damos algo que la otra persona no tiene). La relación del oyente es establecida por el hablante pero, tal vez como una potencial no dicho, tiene tanta influencia en el comportamiento como en la parte evidente de la comunicación.

            Una interacción compartida es también la matriz del intercambio—en que los otros demuestran que dan valor a nuestro producto al renunciar a una cantidad igual de dinero. Entonces el dinero (con su cualidad abstracta social) resulta el modelo escondido pero poderoso para nuestro entendimiento del lenguaje, y de la vida. Eso no es solamente debido a que el dinero es el ‘niño’ del lenguaje, pero debido a la similitud actual de los procesos—de dar valor al dar algo (diferente).

            El hablar y también la experiencia pueden dar lugar a más atribuciones de valor y a más necesidades comunicativas. Además, los tipos de cosas que atendemos, los tipos de valor que descubrimos (y atribuimos), dependen de una síntesis continua de nuestras experiencias previas de la vida, que pueden ser parecidas o muy diferentes a las experiencias de otras personas. Lo que parece irrelevante en un momento puede ser relevante en el próximo, o para otra persona (y con respecto a algo diferente), así todo en realidad siempre es potentior valioso (incluso cuando es excluído en el presente como irrelevante).

            Esta posibilidad hace con las experiencias como un Jardín de Edén inmanente, desde donde colocamos y compartimos los frutos solo unos pocos a la vez cuando los necesitamos, arrancándolos de su abundancia fantástica. La escasez material en que vive mucha gente esconde el carácter de regalo de la vida, exiliándolos fuera de la pared del Jardín. Restorando la abundancia permitiría que el valor sea otorgado otra vez según la experiencia colectiva o individual, en vez de poner al individuo en contra de la colectividad (como pasa en el intercambio basado en la escasez). Nuestra economía podría estar alineada con la parte humanizante y unificante de nuestro lenguaje, en vez de tener propósitos opuestos debido al valor excesivo que nosotros atribuimos (inconscientemente) colectivamente a la definición y a la masculación.

La atribución de valor masculado

 

            El tipo de ego que es útil en el intercambio en realidad es el ego masculado. El sistema de valor que promueve este ego lo apoya con premios y castigos económicos, teniendo y no-teniendo tipos y cantidades de propiedades. El ego es vulnerable a la publicidad que educa sus deseos. El valor puede parecer ser transferido a una persona que recibe la satisfacción de esos deseos o necesidades a través del mercado. Sin embargo, en realidad está siendo transferido al vendedor del objeto, quien ha causado que el consumidor compre el producto a través de la manipulación de la verdad. El tipo de valor-como-posición que está adquirido por una persona por los ‘teniendos’ comparativos se puede entender como el estatus y no satisface en realidad las necesidades sujetivas basadas en el regalo del individuo. El consumidor siempre necesita tener más, porque su tener  realmente no le da ningún valor, pero contribuye más valor económico al vendedor.

            Mientras a veces es la verdad que sin un instrumento de la tecnología (o una herramienta fálica) puede ser que los hombres no conozcan el mundo objetivo (porque ellos, y esto, están afuera de la ‘fibra’ de dar y recibir), las mujeres están adentro de esta ‘fibra’ más frecuentemente debido a nuestros papeles de cuidadoras. Entonces, estamos más inclinadas a transformar nuestro conocimiento como gratitud sobre lo concreto de nuestra experiencia. Sin el objeto, no habría ningún instrumento. Las mujeres son objectos y también son sujetos. Por ejemplo, el pene y la vagina son los arquetipos psicológicos para el instrumento del conocimiento y el objeto del conocimiento. Si el propósito de la sexualidad no es dar y recibir, satisfacer las necesidades del uno al otro, el ‘conocimiento’ instrumental trata al ‘objeto’ como si fuera una cosa receptiva no viva y no creativa para ser ‘penetrado’ forzadamente. La ‘gratitud’ experimentada en este caso por el conocedor masculado fálico solamente es para el refuerzo de su ego, en una posición uno-muchos anulante y en una posición tierra-dominante. No es la gratitud ni el conocimiento orientado al otro. De hecho, es más como recibir la tranferencia de característica s del intercambio.

            Mucho del conocimiento fálico instrumental del mundo objetivo ha sido inspirado por el motivo de ganancia del ego y refleja las limitaciones del lente con que es visto. Poner al fondo las necesidades humanas de los muchos le ha dado el poder destructivo de la adquisición por la fuerza o de la indiferencia del no cuidado. Ellos que siguen viendo la realidad por la fibra de regalar oponen los productos del conocimiento científico que amenazan la posibilidad de todos de dar y recibir. Ninguna instancia de uso pretendiendo ser benigno tales como la tecnología nuclear, la manipulación genética, o venenos químicos puede traer los aspectos negativos de esas tecnologías a la fibra de regalar, o convencer a aquellos que cuidan las necesidades que en realidad son regalos a la humanidad.

            Las mujeres pueden con gratitud conocer la vagina, el ‘objeto,’ internamente sin el instrumento fálico. Es interesante pensar que si las mujeres fueran ‘cosas’ concretizadas, la vagina correspondería a la ‘cosa en sí’ del filósofo que era supuestamente incognoscible. Entonces con el sexo sería para otro y entonces en realidad para nosotros también.

            Como las que cuidan las cosas de otros, sabemos más de ellas que aquellos que no satisfacen las necesidades de los otros con ellas. Podemos señalar las plantas que curan, las maneras caritativas, y también las fallas en cualquier argumento para la violencia. Nuestra energía vital a menudo ha ido al cuidado y mantenimiento de los cuerpos de los otros y de nuestro mismo directamente, sin intercambiar y sin una definición interpuesta o una evaluación basada en el intercambio.

El valor del intercambio

           

            El valor del intercambio es el valor comunicativo (lingüístico) en el tipo de comunicación distorcionada que es el intercambio. El intercambio es como la definición que localiza a algo con respecto a su nombre y entonces con respecto a todo lo demás. El hecho que algo tiene un nombre depende del valor cultural de ese tipo de cosa para los seres humanos. El nombre específico que tiene depende de la totalidad de la langue. Esa relación diferential ha sido ordenada cuantitativamente en los precios.

            El proceso del lenguaje que atribuye el valor es utilizado otra vez en el intercambio, cuando cada uno de nosotros da el mismo valor a los productos que estamos intercambiando según la base de su valor general social. Lo hacemos cada vez que decimos que una libra de frijoles = un dólar. El hecho de que una persona deja los frijoles y el otro deja el dólar demuestra que ellos dan el mismo valor a los frijoles que al dólar. Los frijoles tienen ese precio como una función de todos los otros intercambios que están ocurriendo en el mercado en ese momento, particularmente los relacionados con los frijoles. Similarmente el uso de palabras depende de como están siendo utilizadas por los otros que están hablando ese idioma.

            El principio del intercambio es do ut des (Yo doy para que tú dés). El principio de la comunicación basada en el regalo es parecido, excepto por la diferencia fundamental que el regalar es mutuamente inclusivo mientras el intercambio es mutuamente exclusivo. En la comunicación basada en el regalar, uno da para que el otro pueda dar—la atención y el valor al tema, y también al hablador y al oyente en sí. El hablador y también el oyente tienen una necesidad por los métodos de ser capaz de dar valor a algo juntos; las palabras sirven a este propósito y los interlocutores les dan valor por darlas. El acuerdo en un precio les permite a los intercambiadores que puedan dar el mismo valor. Las consecuencias de la co-municación y de la atribución del mismo valor por los hablantes y oyentes y por los vendedores y compradores son diferentes porque el intercambio es mutuamente exclusivo mientras la comunicación verbal es mutuamente inclusiva. En el intercambio, el principio material do ut des requiere que el receptor devuelva un equivalente al dador. Regalar satisface unilateralmente la necesidad del otro.

            En nuestro altruismo damos el mismo valor para establecer relaciones comunes entre nosotros como seres humanos con respecto a las cosas. Pero en el intercambio este altruismo es utilizado para servir nuestro egoismo. La similitud en sí de los procesos ha escondido el lado altruísta  de regalar de la comunicación atrás del intercambio, dado que el intercambio ha cambiado en una actividad tan importante para todos en nuestra sociedad. Solo damos con la restricción de que el otro da un equivalente, porque al vivir en un sistema basado en la escasez y el mercado, nos consideramos a nosotros mismos en términos de una cantidad de cosas (o de valor de intercambio) que son necesarios para nuestra supervivencia.

            Cada cosa que damos o gastamos, cada valor que atribuimos, parece robar de esa totalidad, evaluada como el salario—la ‘sobrevivencia’ que hacemos. El intercambio es como un lenguaje en que las cosas en realidad son ‘renunciadas’ cuando las palabras son habladas (y las palabras son también renunciadas). Estamos siempre calculando si tenemos o somos suficientes, como si tuviéramos ansiedad de actuación (o competencia). Hay una evaluación económica del valor de los seres humanos, un nombre económico (masculado), un salario que está ‘dado’ a nosotros. Pareciera que las personas no existen o no merecen existir a menos que sean masculadas, y si no existen, no merecen comer—pero quizás todavía pueden comer, si corresponden a ‘uno’ masculado como lo hace una esposa.

            Individualmente y también socialmente, invertimos nuestra energía en lo que consideramos valioso, incluyendo cuando esto resulta en la degradación y el detrimento de nosotros o de los otros. Por ejemplo, invertimos energía y dinero en drogas y en la violencia. Los individuos atribuyen el valor a estas actividades, tal vez debido al placer fisiológico y al refuerzo temporal del ego. Aún cuando no aprueba conscientemente de estas actividades individuales, la sociedad da valor al tipo de ego con que están alineadas. De hecho, el hedonismo cabe dentro de la masculación—con la orientación con el ego y no con el otro. También parece que, por acumular gran cantidades de capital, podemos tener más valor que los otros en una manera casi sin límites, una consideración que provee al ego artificial con el tipo de aprobación que necesita para seguir acumulando más. El poder sobre los otros, que parece ser la prerrogativa de la posición muestra, es utilizado para proveer los premios que motivan al ego masculado. Las interacciones basadas en regalar son más satisfactorias genuinamente, sin embargo, y a menudo son apropiadas como los ‘botines’ del éxito.

            El valor de intercambio parece tener el mayor valor, o tal vez el único tipo de valor. La sociedad basada en ello se propone proveer un acceso al bien general para promover la totalidad de los valores orientados al ego como su fin. Por supuesto, esto deja de lado a los valores y a las personas que están orientados hacia el otro, y también a los que simplemente fracasan. El punto de vista del OBN del homo economicus que ocasiona el bien general recientemente ha sido disputado por las economistas feministas. Creo que ver el valor del intercambio como el principal o único tipo de valor nos impide criticar genuina y radicalmente  el homo economicus. Como alternativa, propongo que consideremos como primario el valor cultural de las cosas para los humanos creadas a través del regalar y expresadas en el lenguaje, que funciona según el regalar. Entonces el valor del intercambio puede ser visto como una distorsión del proceso de dar-valor.

Re-present-ación

 

            El lenguaje sigue manteniendo nuestra manera de regalar aún cuando estamos viviendo nuestras experiencias en una economía basada en el intercambio y entonces ya no nos estamos co-municando materialmente. La tecnología, motivada por la ganancia, extiende la percepción en otra dirección, más allá del regalar hacia un tipo de objetividad inhumana. Ve bajo el nivel de los regalos posibles las impresiones sentidas entendidas como reacciones electro-químicas, y encima del nivel de los regalos a través de los telescopios que nos permiten ver los orígenes del universo. También funciona contra la co-munidad del regalo, utilizando su conocimiento para crear los armamentos convencionales, biológicos, químicos y nucleares. Mientras que los niveles de ‘realidad objetiva’ descubiertos por la tecnología más allá del regalar a veces pueden ser utilizados para los esfuerzos humanos que satisfacen necesidades, a menudo también son utilizados para hacer mucho daño. Son empresas patriarcales motivadas por el intercambio (no por el regalo). Al aceptar la fibra de no regalar, que en realidad produce un salario útil en la economía de intercambio para los investigadores, los académicos pueden desacreditar a los que aceptan la fibra de regalar como ‘realistas ingenuos.’ (Debido a la escasez, los ‘realistas ingenuos’ normalmente no tienen acceso a la tecnología que permitiría ver las cosas en forma diferente.) Cuando el regalar ha sido robado del ‘presente’ por el intercambio el vínculo entre la vida y el lenguaje es obscurecido. Entonces la re-presentación, no el patriarcado, aparece a los pensadores postmodernos como la razón de la tiranía.

            El valor lingüístico y también el valor económico tienen algo que ver con la re-presentación—es decir, con la comunicación de unos sistemas de regalos sustitutos. Tenemos que reconocer lo que tienen en común para entender el valor en sí. Al ver lo que tenían en común empecé a ver la masculación como una ramificación de la representación, una mala-representación de la identidad del niño—haciéndolo en su imagen, dándole demasiado valor debido a ella, y después transmitiendo ese mecanismo a la sociedad entera. (Es como si una parte rota del proyector de películas hubiera sido proyectada en la pantalla al lado de la película.) La masculación es una distorción del proceso que atribuye valor—en una equivalencia con el intercambio y ocurriendo antes que ello. Se devuelve a través del intercambio y la misoginia hacia la re-present-ación dando demasiado valor a los ‘uno-muchos’ y los aspectos jerárquicos dominantes y negando el regalar.

            El valor del intercambio es el valor del cuidado (o del regalo) que es filtrado por el proceso anti-regalo del intercambio, modelado en la masculación. Este roba el valor del regalar y en vez de ello le da valor a la posición uno-muchos, a sus encarnaciones en jerarquías, y a la competición para ser el primero. Muchos de los regalos y mucho del valor dado por la masculación a sus prioridades en realidad fluyen a través de ella transitivamente desde los que cuidan, quienes dan preferentemente a los varones y al proceso de la masculación en sí. El cuidado norm-al y no distorcionado da valor directamente a las necesidades, a los receptores de sus regalos y a los métodos para la satisfacción de las necesidades. El lenguaje provee el regalar verbal de la co-munidad, basado en el valor y de textura fina, que arbitra la interacción y la cooperación  afinadas, creando el valor dado por los muchos trabajando juntos en sus esfuerzos comunes y contribuyendo a las subjetividades individuales  físicas y también psicológicas de los co-municadores.

            Estamos considerando el valor no económico como la norma oculta, en vez de un sub-caso de valor económico. Fundando nuestra idea del valor no económico en el valor lingüístico, nuestra idea del lenguaje en el regalar y nuestra idea del valor lingüístico en la importancia variada de los regalos del mundo a la comunidad, nos da una perspectiva diferente desde donde podemos ver, no solo en el valor económico, pero también en lo que normalmente llamamos valores ‘morales.’ Al desconectar los tipos diferentes de valores entre cada uno y negar el regalar (o al menos considerarlo como una curiosidad debido a una propensión irracional hacia el cuidado), el patriarcado ha impuesto los valores de la masculación en la sociedad entera. Practica el dominio por la categorización, repitiendo en todas partes en términos diferentes, la masculación que fue hecha a los niños a través de su definición del género cuando eran categorizados como separados y superiores. En esta situación, los valores ‘morales’ son un esfuerzo para regalar los intereses mutuos y exclusivos lejos del daño, para mitigar sus efectos negativos, y para reintroducir el regalar después del hecho en una manera auxiliar. En vez de ello, el regalar en vez de la masculación es la base para crear una sociedad en que todos pueden cuidar a los demás sin daño.

            Otros valores culturales, como los valores estéticos, historicos, espirituales, y étnicos, están ubicados originalmente dentro de un contexto creado por el cuidado y el lenguaje, pero ahora están cambiados normalmente por la masculación y el intercambio. Pero los valores culturales que pueden estar afuera de esa alteración serán visibles cuando finalmente seamos capaces de deshacer el patriarcado. Sin embargo, muchos de ellos ya contienen la esperanza por un mundo mejor. Ellos son los regalos de la imaginación que pueden curar algo del sufrimiento soportado por la humanidad durante  siglos.

¿Importa que se trate de una proyección sobre las cosas, mientras actúe dándoles valor a las palabras? En el patriarcado hemos creído que las mujeres eran pasivas al ceder ante los hombres, pero lo que hacían era darles valor a los hombres por implicación. Los tipos de ceder como en el caso de las manzanas, las montañas, el pájaro cantando en el árbol o la niña golpeando la bola son lo suficientemente similares como para dar valor a las palabras-regalo que ocupan sus lugares aun cuando son acciones o partes muy diferentes del mundo. Las ideas abstractas (e.g., la justicia) y las creaturas fantásticas (e.g., los unicornios) ponen incluso menor resistencia al ser reemplazados.

Leyendo acerca del punto de vista de filosófico sobre la labor del cuidado que hace la mujer, puedo comprender la frase de Marx acerca del lenguaje como concientización práctica que existe para otros y que, por lo tanto, existe para mí. La labor de cuidar es una concientización práctica—el lenguaje es uno de sus aspectos generales. Sobre la perspectiva del cuidado, véase Sara Ruddick, Maternal Thinking, Ballantine Books, Nueva York, 1990. En un contexto económico más específico, Nancy Folbre, Who Pays for the Kids?, Routledge, Londres y Nueva York, 1994.

3 ‘Valor de uso’ es una categoría del mercado definida en oposición a ‘valor de cambio,’ y también se opone a la acción de regalar. Los regalos son bienes con un origen y un destino, son parte de una relación humana. Desde el punto de vista del paradigma del intercambio el valor de uso es algo que tiene un potencial general e indiferente para satisfacer las necesidades humanas—algo ‘nombrado’ con dinero y objetivado como propiedad. El valor de uso es el prerrequisito del valor de cambio, que al mismo tiempo se da como un producto ajeno al proceso del regalo, afuera de la ‘fibra’ de regalar. Desde el punto de vista del paradigma del regalo, los valores de uso forman parte de un proceso más completo que involucra a las personas. Dado que después del intercambio, las personas usan bienes para satisfacer las necesidades, se rompe la relación con el productor como fuente original de los productos generalmente. Es más, en el capitalismo, los productores no producen valores de uso como regalos sino como bienes por los que la gente tendrá que pagar para usarlos. Se agradece al mercado, al proceso de intercambio en sí mismo. Es indudable que la lógica del regalo es fuerte y podemos encontrarla en el fenómeno del ‘nombre de la marca’ que identifica el origen de los bienes en una compañía específica como si fuera un regalo, recreando una relación humana artificial con el que ‘da’ para que los que ‘reciben’ compren más. Las ofertas, las gangas y los regalos presentan una dinámica parecida.

4 La práctica de compartir la comida estaba ampliamente difundida entre los hombres en la prehistoria. Los arqueólogos masculados suelen ver la cacería como algo más importante para el dasarrollo del hombre.

5 En su libro Marxism and the Philosophy of Language, Nueva York, Seminar Press, 1973 [1930], V. N. Volosinov afirma: “Cada etapa en el desarrollo de una sociedad tiene su círculo propio y específico de bienes, que sólo son objeto de atención para esa sociedad, y que se los puede dotar con un acento evaluador de la atención. Sólo los bienes en ese círculo podrán adquirir la formación de signos y convertirse en objetos de la comunicación semiótica.” Y ese objeto “…debe asociarse con los prerrequisitos socioeconómicos vitales para la existencia de ese grupo.” pp. 21-23. Pienso también en las pinturas prehistóricas de las cavernas, que eran pintadas (se cree ahora) con la boca—escupiendo la pintura en las paredes—como lo hacen actualmente algunos aborígenes australianos pintores de cavernas. La pintura es escupida (atribuida) a la pared y luego es vista. La analogía, que me parece más fuerte que pintar con las manos o con pinceles, viene de la alteración fisiológica de la respiración y de la saliva que se produce al escupir la pintura. La aceleración de la respiración o el incremento de la saliva puede servir como un ‘anclaje’ psicológico para dar acento a los valores y a las atribuciones, que siempre se dan en nuestra experiencia pero de los cuales no somos conscientes. La atribución y la apreciación (y proyección) del valor a través del lenguaje coincidiría entonces con los énfasis hechos mediante las alteraciones de la respiración. La respiración también implica recibir (inhalando) y dar (exhalando).

6 En su capítulo “Exchanging” en The Order of Things, An Arqueology of the Human Sciences, Vintage Books, Nueva York, 1994 [1966], Michel Foucault analiza el valor dentro del paradigma de intercambio como ‘atributo,’ ‘aprecio’ y ‘articulación.’

7 Véase Karl Marx, Critique of Political Economy, Charles H. Kerr & Co., Chicago, 1904 [1859], (pp. 274-292), para un análisis del carácter relativo de la producción y el consumo, de la especificación de las necesidades a través de la producción que las satisface y de la especificación de la producción de las clases de necesidades que deben ser satisfechas.

8 Creo que estas relaciones con las diferentes necesidades están por debajo de los valores ‘puramente diferenciales’ que Saussure reconoce como el principio abstracto que organiza la langue. Se usan diferentes clases de cosas en diferentes procesos de regalar, para satisfacer diferentes clases de necesidades y permitir que diferentes palabras tomen su lugar como regalos comunicativos. Los casos de homonimia y de sinonimia no son problemáticos mientras su mutua exclusión se mantenga en el plano fonético y las necesidades que deban ser satisfechas sean claramente diferentes entre sí. El valor por las posiciones mutuamente excluyentes que se encuentran en el langue es la estructura de las instituciones derivadas de la masculación, como la OBN (Old Boys Network) o la propiedad privada. Las jerarquías tienen estructuras similares a las de los términos que subordinan o se subordinan de acuerdo con la generalidad y la inclusión. Por ejemplo, una palabra subordinante sería ‘planta,’ que es más general e incluye palabras subordinadas como ‘flor,’ ‘árbol,’ ‘enredadera.’ A su vez, la palabra ‘flor’ subordina por ser más general que ‘rosa,’ ‘dalia’ o ‘mimosa.’

9 La metáfora postal: remitente (codificador), paquete (mensaje) y receptor (decodificador), es la acción de regalar vista como ‘correo.’ Un código es una colección compartida de ‘marcas’ que un grupo ‘tiene’ y otro grupo ‘no tiene.’ Codificar y decodificar, enviar y recibir un mensaje son metáforas de empacar y abrir un regalo. De hecho, otra característica de la economía del regalo en nuestra sociedad (además de los cuidados maternales) es el enviar y recibir regalos para celebrar cumpleaños, las navidades, etc. Acerca de los regalos celebratorios, véase David Cheal, The Gift Economy, Routledge, Londres, 1988.

Creo que lo que los semiólogos llaman ‘señales naturales’ también pueden ser interpretados como regalos, aunque los comportamientos en que son útiles para los animales pueden ser menos complejos que los de nosotros. Las flores a través de su color y su olor dicen a los insectos, “Aquí está el nectar.” El color y el olor son regalos secundarios, que demuestran el regalo material del nectar. El regalo depende del receptor para su existencia como un regalo. La nube negra es un regalo (una señal natural) para todos los que puedan utilizarla para llegar a casa ántes de que empieze la lluvia. El árbol cayendo en el bosque es un regalo a cualquiera persona que pueda utilizarlo en sí. Recientemente oí una canción medioambiental de los árboles cayendo en la selva tropical.

11 The Journal of the International Association for Feminist Economics (IAFFE) Feminist Economics, Diana Strassman ed., empezó en 1995 y es publicado por Routledge, Nueva York.