Capítulo 1


¿Dónde comenzar?

Tanto el capitalismo como el comunismo son patriarcales. La filosofía del cambio social, más amplia y profunda que aquéllos, es feminista. El movimiento feminista es una filosofía colectiva, un corpus de pensamiento y de acciones basado en los valores de las mujeres del mundo entero, que en la actualidad se manifiesta en la conciencia de todos y todas. El patriarcado ha contagiado a la mujer y al hombre a lo largo de los siglos. Ha distorsionado nuestra visión del mundo y ha deformado nuestras prácticas socioeconómicas. La agenda del movimiento feminista incluye el objetivo de liberar a todos—mujeres, niños y hombres—del patriarcado, sin destruir a su portador, el ser humano, y al planeta Tierra, donde éste vive.

Ubicarse fuera del patriarcado le permite a la mujer colocarse en una situación similar a la de los antiguos filósofos presocráticos, previo al inicio de la cultura socrática patriarcal. Si rechazamos los patrones de pensamiento que han sesgado y plagado la cultura europea, se abre ante nosotros un inmenso terreno virgen a explorar, dejando de lado la visión patriarcal del mundo. Es necesario comenzar de nuevo, reencontrarnos con nuestra inocencia, con quienes no han ido a la guerra, con quienes nos convocan a cuidar a los niños y a los ancianos, a no abusar de ellos. Necesitamos rechazar el punto de vista patriarcal del mundo y empezar de nuevo—mirando en forma ingenua a través de nuestros propios ojos.

Cuando pongamos en duda aquello que nos enseñaron, encontraremos la verdad. Pero nuestra habilidad para reconocerla está entumecida, sumergida profundamente en los estratos de la historia de los individuos, de las culturas y de las especies. Es el despertar de la perspectiva que formula la mujer lo que prueba que la especie humana no es una equivocación de la Madre Naturaleza; aquellas que la adopten, y los hombres que las sigan, podrán impedir la destrucción de los seres humanos y del planeta.

Para rechazar el pensamiento patriarcal es necesario diferenciarlo de otro tipo de pensamiento; así se podrá encontrar una alternativa. Las disciplinas académicas tienden a aglutinarse en totalidades; a ellas contribuyen miles de investigadores y pensadores internacionales que, pese a los innegables ‘avances,’ validan una visión del mundo y una realidad en las cuales el abuso y la dominación son endémicos. Hay una falla relativamente simple y fatal que mina el pensamiento ‘primermundista,’ incluido el pensamiento académico. Iniciamos las investigaciones de los diferentes temas partiendo de esta falla, por lo que desde el principio estamos bajo su influencia. El punto de vista ingenuo nos permite comenzar desde el principio. Los académicos suelen montarse sobre el pasado y en un sitio tan lejano que la falla ya no se puede identificar. Sin duda, ésta se constituye en la realidad. Debemos entonces remontarnos a los principios para encontrar posiciones alternativas. En ese sentido, un punto de vista ingenuo nos permitirá arrancar de cero.

Por circunstancias de la vida, he podido volcar mi mirada ingenua sobre un área académica de gran importancia en el siglo XX: el estudio del lenguaje y de otros sistemas de signos. La lingüística, la semiótica y la filosofía del lenguaje han señalado la importancia del lenguaje para el carácter y la condición del ser humano. Si el lenguaje es importante, el estudio del lenguaje—de la lingüística y de la semiótica—constituye un buen punto de partida para investigar el pensamiento patriarcal.

Los académicos consideran que el lenguaje es comunicación, una actividad separada e independiente en cuanto a sus reglas. Según algunos lingüistas, el hecho de que todas las comunidades humanas utilicen el lenguaje constituye una prueba de que éste se transmite, en gran parte, no cultural sino genéticamente. Las reglas de la sintaxis e incluso ciertos elementos del vocabulario aparecen como parte del hardware que se transmite de generación en generación. Esa herencia genética determinaría, en cierta manera, nuestro comportamiento, ya que “la biología es el destino.” Así, el lenguaje se asemeja al género, cuyas características fueron consideradas durante siglos como características transmitidas biológicamente y, por lo tanto, eternas e incuestionables, sobre todo por el género ‘genéticamente inferior.’

Si interpretamos el lenguaje como un regalo del ADN y no como una herencia cultural, lo colocamos en un área que trasciende la intervención humana. En cambio, si concebimos el lenguaje como una donación social, que debe ser aprendida por la totalidad cuerpo-mente en el quehacer cotidiano, variará nuestra idea del carácter del ser humano. Lo aprendido queda sujeto a una revisión colectiva; sus mecanismos pueden ser investigados y las consecuencias pueden ser alteradas.

Por extraño que parezca, cuando se toman en serio consideraciones tales como la transmisión genética del lenguaje, éstas repercuten en otras disciplinas. Se crea un ambiente donde ciertas ideas prosperan porque son valoradas y respetadas, y se descartan o se desacreditan otras alternativas. El ‘mercado libre’ de las ideas, como el mercado libre del comercio, suele promover el beneficio de unos pocos (¿acaso de los genéticamente superiores?), aunque se presenta como bueno para todos.

Siempre que hablamos de las condiciones humanas, debemos someter nuestro discurso a, por lo menos, las dos pruebas siguientes: “¿Qué hay para mí en el plano material?” y segundo, “¿Qué hay para mí en el plano psicológico?” La crítica de la ideología ha mostrado como las teorías integrales del pensamiento han servido para perpetuar el dominio de algunos grupos sobre otros. Se debe sospechar de todas y cada una de las disciplinas académicas. Estos conjuntos de ideas que han sido enseñadas como verdades irrefutables respaldan los sistemas políticos y económicos de los cuales forman parte.

Afortunadamente, he estado fuera del mundo académico y no dependo de él para mi bienestar material. Por eso, he conservado cierta candidez. Deseo un cambio social radical; como madre, quiero que mis hijos y los hijos de todas la madres gocen de un futuro sano, cuerdo y libre de la psicosis colectiva del patriarcado. Mi retribución psicológica sería contribuir efectivamente a forjar ese futuro distinto.

Intentaré probar que hay una explicación feminista del lenguaje, y que nuestro pensamiento se puede considerar, en gran parte, como un derivado de prácticas que se basan en la mujer. Bajo las abstracciones de la lingüística y la semiótica, existe un paradigma completamente diferente al que es posible acceder. Algunas feministas, desoladas por el dominio masculino del lenguaje, han optado por escribir y hablar poéticamente. Otras han permanecido en silencio para abstraerse del discurso patriarcal. Mi sugerencia es que, encontrando y adoptando el paradigma escondido, podemos empezar a liberar del control patriarcal tanto al lenguaje como a la práctica social.

Pese a las interminables discusiones, los filósofos no han podido contestar la siguiente pregunta, “¿Cómo se ‘enganchan’ las palabras con el mundo?” Esta pregunta es la punta de un hilo en la maraña de la filosofía patriarcal y, por lo tanto, constituye un elemento apropiado para iniciar una investigación ingenua. Todas las respuestas a este interrogante están influidas por la postura patriarcal de la mayoría de los filósofos, que han sido hombres y que han sido quienes han pensado. Sus puntos de vista se desarrollaron a partir de la negación del modelo femenino, y han sobrevivido para apoyar las jerarquías patriarcales a lo largo de los siglos.

No pretendo refutar cada una de las teorías actuales o pasadas del lenguaje, pues sería una tarea académica infinita, realizada precisamente en el territorio de aquellos a quienes pretendo desafiar. Me limitaré simplemente a proponer una teoría alternativa.

Plantearé algunas preguntas que deben ser contestadas. Es necesario saber qué ‘significan’ las palabras, las frases y los discursos. ¿Cómo se relacionan entre sí y con el mundo? ¿ Cuál es el significado del lenguaje para la naturaleza del ser humano, como individuo y como especie? ¿Por qué es importante para nosotros saber esto? Dado que se considera que el lenguaje es importante para convertirnos en seres humanos y dado que las respuestas a estas preguntas suelen apelar a los sistemas abstractos, tendemos a identificar la humanidad con la capacidad para el pensamiento abstracto. Como consecuencia de ello, quienes tienen un pensamiento más abstracto son considerados más humanos que los otros.

A las mujeres se les ha asignado por estereotipo el campo de la ‘emoción,’ mientras que los hombres se han apropiado del área de la ‘razón.’ Si creemos que el lenguaje es un sistema abstracto que tiene la capacidad de hacernos humanos, la ‘superioridad’ del hombre parecería estar justificada por su presunta capacidad para la abstracción. Las teorías del lenguaje respaldan teorías o creencias populares de género.

En otro nivel de complejidad, si se considera la sintaxis como un conjunto de reglas, ésta también impone a los seres humanos la aceptación de ser gobernados por reglas. De este modo se otorga validez a los sistemas legales, que se presentan como naturales y que por ser conjuntos de normas requieren de las acciones de un gobierno para hacerlas cumplir. Lo que ocurre en la academia, en cuanto al lenguaje, puede repercutir ampliamente en otros ámbitos. Las teorías económicas académicas son importantes por cuanto explican como se producen y se distribuyen los bienes en todas partes. Aun cuando los efectos no son directos, los supuestos que cimientan estas disciplinas influyen en el comportamiento individual y grupal en muchos áreas vitales.

Cambiar los supuestos básicos tendría un efecto similar al de la onda expansiva que se produce cuando tiramos una piedra a un lago. Dichos supuestos conforman la motivación y el apoyo a la razón de las políticas y de los comportamientos, del mismo modo que la motivación y el respaldo de las formas complejas de la industria militar conforman la política exterior de Estados Unidos.

Co-creación del patriarcado

 

En Estados Unidos, el movimiento de la Nueva Era suele hablar de la co-creación de la ‘realidad.’ Se dice que con nuestros pensamientos podemos provocar que ciertas cosas ocurran y otras no. Intentaré demostrar que estamos creando colectivamente una realidad patriarcal, que actualmente es biopática (es decir, dañina para la vida), y mi propuesta es que desmantelemos esta realidad. Con nuestros valores e interpretaciones basados en la realidad patriarcal, para poder satisfacernos en el mundo en que vivimos, creamos una ilusión dañina que nos lleva a actuar y a organizar la sociedad de una manera perjudicial. Es en este sentido que nuestros pensamientos provocan lo que sucede. Si entendemos lo que estamos haciendo, la realidad patriarcal puede modificarse. Es esencial que tengamos el coraje de cambiar los supuestos básicos, que sirven como mecanismos de seguridad, para evitar que ocurran cambios sistemáticos profundos.

Si bien la dominación masculina existe en muchas culturas (o en casi todas), quiero dirigir mi atención hacia la dominación del hombre blanco. Muchos patrones de dominación y de sumisión se han unido para crear un patrón de dominación característico de ese grupo, que abarca todos los niveles. Con esto no quiero decir que todo hombre blanco sea dominante, o que sólo los hombres blancos dominen, sino que los patrones de sexo, raza y clase se combinan perfectamente para que los hombres blancos dominen en las diferentes áreas de la vida. Los patrones de dominación se propagan a sí mismos, así como los valores sobre los cuales se basan.

En la historia de Europa, el crecimiento del capitalismo y de la tecnología, la quema de brujas, la colonización de las Américas, el genocidio de los indígenas, la esclavitud de los africanos, el Holocausto nazi, son todos momentos extremos de una cultura donde el sexo, la raza y la clase trabajan juntos como un mecanismo gigante para privilegiar a unos y explotar a muchos otros. Desafortunadamente, este mecanismo fija la pauta y convalida comportamientos similares en otras culturas. Los dictadores del mundo suben las escaleras erigidas ante ellos por sus hermanos europeos, y perpetúan sus horrores.

En la actualidad, el hombre blanco es el proveedor más exitoso del patriarcado. Mediante mecanismos como el mercado libre, continúa dominando la economía global. Por lo tanto, es responsabilidad de los cuidadores, especialmente de la mujer blanca —en alianza con las mujeres y hombres de color y con los hombres blancos—, luchar contra el patriarcado y desmantelarlo desde adentro. No recompensemos las conductas y los sistemas biopáticos. Los hombres y las mujeres no debemos alimentar al patriarcado.

Las mujeres obtuvieron ventajas con el capitalismo, especialmente las mujeres blancas, ya que pudieron alcanzar una posición que antes sólo estaba reservada a los hombres. Formar parte de la fuerza de trabajo y educarse para ocupar puestos de autoridad han permitido a la mujer adquirir una voz—la habilidad de hablar y de definir las situaciones—un logro imposible para las mujeres que sólo tienen acceso a los roles tradicionales dentro de la familia, donde los hombres poseen toda la autoridad.

Muchas mujeres están usando su libertad para hablar en contra de los numerosos defectos del sistema que las ha ‘liberado’ y que las afectan directamente: los salarios bajos, la falta de centros para el cuidado de los niños y el sistema que privilegia permanentemente al hombre. También condenan la explotación de sus hermanas y de los hijos de sus hermanas en el llamado ‘Tercer Mundo,’ tanto en Estados Unidos como en el exterior, el enorme despilfarro de recursos destinados al negocio de las armas y a la guerra, y la devastación endémica del medio ambiente.

Pienso que las mujeres dentro del capitalismo están en una posición particularmente favorable para percibir la verdad a través de las ventajas aparentes; nos educan para criar a nuestros hijos y al mismo tiempo nos alientan para que escalemos los peldaños económicos. El conflicto entre los valores que acompañan estos dos mandatos hace que dirijamos nuestra atención hacia las profundas contradicciones del sistema.

Las terapias y las drogas de todo tipo tienden a ‘ajustarnos,’ a obligarnos a centrar la atención en nosotras mismas, como causa de nuestra incomodidad. Sin embargo, algunas feministas han comenzado a mirar hacia afuera, hacia los sistemas biopáticos. No estamos utilizando los métodos violentos del sistema, estamos buscando otras maneras de provocar cambios desde adentro.

Todavía no hemos podido lograrlo, porque no nos hemos dado cuenta de que tenemos una perspectiva común y de que los problemas que estamos enfrentando son sistemáticos. Señalando los diferentes aspectos del patriarcado, descubriendo y asegurando nuestros valores comunes y alternativos, recreando la realidad, las mujeres podemos comenzar a desmantelar el patriarcado y guiar a todos desde el borde del desastre hacia la paz.

El paradigma del regalo

 

Hay un paradigma fundamental, pero todavía oculto, que nos afecta a todos. Resulta extraño que en los tiempos de los viajes espaciales, de la computación y de la ingeniería genética, algo tan importante como este paradigma haya sido ignorado. Como en el concepto del ‘elefante en la sala’ de Alcohólicos Anónimos, el familiar se niega a reconocer el alcoholismo del otro, no habla de ello y vuelca su atención hacia otras cosas para mantener así el statu quo.

Creo que hay una gran parte de la vida que es negada e ignorada. A diferencia del alcoholismo, es la forma de ser saludable y normal, pero estamos dirigiendo la atención hacia otro lado para mantener una falsa realidad: el statu quo patriarcal. A esta parte de la vida que no se ve, que permanece oculta, la denomino ‘paradigma del regalo.’ Es una manera de construir e interpretar la realidad que se deriva del cuidado de la madre y que, por lo tanto, se basa en la mujer (por lo menos, mientras sea la mujer la que cuida al niño la mayor parte del tiempo).

El paradigma del regalo enfatiza la necesidad de dar algo para satisfacer al otro; está regido por la necesidad y no por las ganancias. El satisfacer gratuitamente las necesidades del otro—el nutrir o cuidar al otro, en el maternaje suele permanecer invisible en nuestra sociedad, por cuanto se basa en lo cualitativo y no en lo cuantitativo. Sin embargo, el satisfacer las necesidades crea un vínculo entre los que dan y los que reciben. Reconocer la necesidad del otro y actuar para satisfacerlo implica reconocer la existencia del otro. Análogamente, recibir del otro algo que nos produce satisfacción prueba la existencia del otro.

Las necesidades cambian y son reemplazadas por otras nuevas. según la manera en que éstas se satisfacen, se desarrollan los gustos y nacen nuevas necesidades. A medida que crecen, los niños requieren independencia y las madres también pueden satisfacer esa necesidad al negarse a satisfacer otras necesidades del niño o la niña.

En lugar del regalar, se privilegia el intercambio, que es dar para recibir. Aquí el cálculo y los números son necesarios, como también lo es establecer una ecuación entre los productos. En el intercambio hay un movimiento lógico regido por el ego y no por la necesidad del otro. Quien da usa la satisfacción de la necesidad del otro como un medio para satisfacer sus propias necesidades. Irónicamente, lo que llamamos ‘economía’ se basa en el intercambio, mientras que el regalar se circunscribe al ámbito del hogar, pese a que el término ‘economía’ significa originalmente ‘cuidado de la casa.’ En el capitalismo, el paradigma del intercambio reina sin ser cuestionado, y constituye un pilar de la realidad patriarcal.

Muchos de aquellos que quieren desafiar al capitalismo sólo proponen una economía sin dinero, una economía de trueque, que desde luego se basa en el intercambio. A mi juicio, este paradigma no presenta grandes diferencias; considera que el factor determinante es el dinero y no el intercambio, sin contemplar otras alternativas como la que ofrece el paradigma del regalo. De esta manera, contribuye al mantenimiento del statu quo, ya que la economía del intercambio define al ‘ser humano’ como egoísta y competitivo, cualidades que son requeridas y realzadas por el capitalismo. Las cualidades requeridas y realzadas por el cuidado de la madre son, en cambio, la generosidad, la amabilidad y la creatividad. A pesar de que son imprescindibles para criar a los niños, es muy difícil cumplir con estas cualidades, y muchas veces exigen el autosacrificio, ya que una de las consecuencias de la economía del intercambio es la escasez para la mayoría. Estas cualidades no son consideradas como parte de la ‘naturaleza humana,’ ni como parte de la realidad.

El paradigma del regalo está siempre presente en nuestras vidas, pero estamos tan acostumbrados a él que ya no lo podemos distinguir. El intercambio, que es un requerimiento para las medidas, es mucho más visible. Sin embargo, cuando saludamos al prójimo y le decimos “¿Cómo está usted?,” le estamos preguntando “¿Cuáles son sus necesidades?” ‘Co-muni-cación’ implica darnos regalos (del latín munus—regalo). Es como formamos la ‘co-muni-dad.’

Al satisfacer las necesidades de los niños que dependen de ellas, las madres conforman los cuerpos de aquellos que viven juntos, que viven en una comunidad. Ellas también cuidan y mantienen las herramientas, las casas y los lugares donde se producen las interacciones. Las mujeres nos comunicamos entre nosotras a través del regalo de nuestros bienes, a través de la co-municación. Cada regalo lleva consigo algo del proceso del pensamiento y de los valores del que da y reafirma los valores del que recibe. De hecho, los bienes y servicios que se otorgan de manera gratuita para satisfacer las necesidades dan valor a quien los recibe.

Intercambio

 

El intercambio es el reflejo de uno mismo y requiere que la atención esté concentrada en la equivalencia de los productos. Así, el valor que pudimos haberle dado al otro al regalarle vuelve a nosotros como satisfacción de nuestras propias necesidades. Cuando todo el mundo hace esto, la co-municación se altera y sólo tiene éxito al crear un grupo de egos aislados, sin vínculos, independientes, y no una co-munidad.

En su aislamiento, estos egos tienden a desarrollar necesidades artificiales para el cuidado y los vínculos, y utilizan el dominio para procurarse un sentido de comunidad y de identidad que no tienen, forzando a otros a nutrirlos. Utilizan todos los recursos, desde la violencia personal hasta la manipulación de los sistemas abstractos, para lograr la satisfacción de sus necesidades, satisfacción que no se está recibiendo al no participar directamente en la lógica del regalo.

De hecho, nuestra sociedad está ávida de regalos gratuitos y de los vínculos creados por ellos. Nuestra compasión está bloqueada y parece que sólo podemos sobrevivir negándonos a dar y a recibir. No dar es como matar a aquellos que podrían dar, y no recibir es como matar a aquellos que tienen necesidades materiales. Para mantener esta situación aberrante, es preciso establecer leyes y pagar a las fuerzas del orden para que las hagan cumplir.

Se destinan enormes cantidades de dinero al sistema judicial, al gobierno, a la policía y a las fuerzas armadas. Este gasto provoca escasez, y la escasez hace que sea muy difícil dar regalos y que el intercambio sea un mecanismo necesario para sobrevivir.

Los sistemas legales abstractos y las organizaciones jerárquicas, tales como el gobierno y las fuerzas armadas, son sistemas donde se reciben regalos que se arrebatan a las necesidades de la comunidad, y se dirigen a satisfacer las necesidades de grupos especiales de intercambio, que han sido socializados con un ego ávido de ‘tener más.’

Si bien podemos estar agradecidos con aquellos que intercambian (por ejemplo, los empresarios) por la creación de empleo, debemos recordar que los puestos de trabajo permiten que el empresario obtenga lo que Karl Marx denominaba ‘plusvalía’—y que nosotros podríamos llamar regalo de tiempo de mano de obra entregado por el trabajador. Para poder sobrevivir, el trabajador debe recibir muchos regalos de sus cuidadores. Los regalos son distribuidos de acuerdo con una jerarquía, de abajo hacia arriba, de los pobres a los ricos, de los que regalan a los que intercambian, aunque quieran convencernos de que el flujo va en la otra dirección.

La dinámica del intercambio parece tan natural que no requiere ser investigada. Sin embargo, es absolutamente artificial, pues deriva de un mal uso de la co-municación. Si comprendemos que el intercambio no es natural y que no es uno de los pilares de la realidad, nos daremos cuenta de que los criterios para valorarnos a nosotras mismas no dependen de como participemos en esa realidad. De hecho, para muchas mujeres el propósito de la liberación femenina consiste en lograr que se nos permita participar más plenamente en la sociedad. En Estados Unidos, la sociedad es un patriarcado capitalista. Las mujeres nos sentimos incómodas con esta situación, porque nuestros valores son diferentes y muchas veces esto impide que nos sintamos exitosas. La solución a nuestro problema no consiste en cambiar para adaptarnos al esquema patriarcal, sino en cambiar el esquema para que éste se adapte a los valores de la mujer. Y dicho cambio requiere que comprendamos que esos valores son más viables que los valores del patriarcado. Debemos entender y criticar profundamente el patriarcado, para poder darnos cuenta de que ya tenemos la alternativa en nuestras manos.

En vez de reclamar el respeto de aquellos que han prosperado en este sistema, tenemos que encontrar una posición fuera de este sistema. Además, la palabra ‘re-speto’ tiene que ver con mirar de nuevo, evaluar y ser igual que, es decir, con conceptos basados en el intercambio, que son importantes únicamente cuando el cuidar todavía no se considera la norma .

En la medida en que modifiquemos nuestro enfoque para validar el paradigma del regalo y señalar los defectos del paradigma del intercambio, podremos observar como muchas cosas cambian su apariencia: el patriarcado capitalista, que parecía ser la fuente de todo bien, se revelará como un sistema parasitario donde los de arriba son nutridos con regalos por sus ‘anfitriones,’ que están más abajo. Las ganancias son regalos entregados gratuitamente por aquellos que participan y nutren el mercado, por aquellos que dan a los que intercambian. La escasez es necesaria para el funcionamiento del sistema de intercambio y no es forzosamente el resultado desafortunado de una humanidad inadecuada o de una calamidad natural.



Observando la superficie del lenguaje, me pregunto el significado psicológico que los filósofos y los lingüistas asignan especialmente a aquellos términos que tienen que ver con “regalar” y que necesitan tener un don genético, o términos económicos como “deben” y “no deben.” Éstas son claves para las agendas ocultas del patriarcado psicosocial.

No pretendo cubrir todas las diferentes formas de patriarchía que ocurren en diferentes culturas: estoy usando patriarchía Euro-Americana como un ejemplo para comparar e identificar sus características y diferencias con otras patriarchías. Vea el capítulo 5 para entender este tipo de raciocinio.

Sería interesante interpretar la anorexia como un rechazo no sólo de la comida sino del valor transmitido al que recibe como recepción del cuidado. Tal vez la persona anoréxica descubre el paradigma del intercambio muy pronto o de manera muy profunda.

En el mundo se gastan 19 billones de dólares en armamentos cada semana. Con esa cantidad de dinero se podría alimentar a todas las personas hambrientas del mundo. Estos gastos no crean ningún producto que sirva para vivir, sino que son un drenaje para la economía de la nutrición.