Capítulo 18

 

Los agentes del cambio no masculados.

 

Las mujeres dan libremente de sus pechos a sus hijos e hijas (y de muchas otras formas), pero puesto que el pene está sobre valorado, nosotras somos percibidas como si diéramos por la ‘carencia’ de la ‘marca’ y, puesto que la escasez ha sido creada para privilegiar a los que tienen, a menudo estamos dando en una situación de carencia económica. Todo esto está exacerbado, porque los hombres renuncian a la economía del regalo. El cambio ‘da’ el regalo de no regalar, mientras que los pechos de la mujer dan cuerpo al regalo de regalar.

 

Podíamos especular que los pechos son el modelo original para el índice; el pezón es el índice, y la boca del bebé es el objeto que es aislado para que tenga toda la atención. Luego, se les da vuelta a estos puntos de vista. Para el bebé, su boca es el centro de atención, y el pezón es el ‘objeto’, es lo que se aísla. Luego, el objeto de hecho señala y da leche. O para la madre, si el ‘objeto’ no le señala con la boca y la lengua, por lo menos ‘hace el punto’ y recibe la leche.

 

Veamos el tener como tener pechos, como tener algo que dar.[1] Somos mamíferos. A pesar de que los hombres tienen pechos pequeños, hay muchas maneras para que ellos y las mujeres que no amamantan puedan nutrir y cuidar a los otros. (El pene es dado a otro, sólo cuando los niños se hacen adultos, pero es dado para la comparación y para ser visto desde mucho antes.)

 

Estas formas no han sido leídas correctamente, escondidas y disfrazadas por el descrédito y el aislamiento de la maternidad en la infancia y por el enfoque patriarcal en la muestra, en el cambio, en el reflejo, en tener y guardar. Las maneras de dar incluyen entre otras cosas: el lenguaje, la solución de problemas, la producción de las mercancías y los servicios como una provisión para las necesidades sin la intermediación de los mecanismos de cambio, en sí derivado de la masculación. ‘Tener’ es también tener manos, instrumentos que pueden ser usados para dar y cuidar a los otros. No sólo sirven para fabricar herramientas (o para fabricar armas).

 

La réplica de sí de la muestra

 

El regalo que pareciera que el padre le da al niño (el regalo del pene) es un regalo de similitud o de igualdad, y el valor que se le da a la igualdad, a la ecuación en sí misma, al niño como igual a su padre, es como la norma que no nutre la que también estaba relacionado con el abuelo de la misma manera. Es un regalo con carga, porque se usa psicológicamente en la sociedad, y su mala interpretación, crea una necesidad artificial. Luego el niño tiene que tratar de satisfacer la necesidad pareciéndose a su padre. Es más aún, el padre necesita que su hijo se le parezca, para que él pueda adquirir su posición como muestra, su propio mandato por su género como el equivalente con el que se relacionan no sólo las mujeres sino los otros hombres (los más pequeños).

 

De nuevo, es como si la relación entre las palabras y las cosas y la adquisición del lenguaje y el género se proyectaran en cámara lenta, como la agenda de la vida para la sociedad en su totalidad, y especialmente para los hombres. La relación de la propiedad sigue el patrón del concepto de relación, que ha sido extendido a la relación de la muestra privilegiada y luego al hecho de que los hombres tengan un pene y luego al pene en sí como la muestra (el índice) con los que los otros se relacionan.

 

En el patriarcado el padre debe enseñar que él se ha reproducido a sí mismo. Tiene que enseñar eso, con el pene como muestra del índice, y como la muestra masculina que tiene el poder de hacer a otros como a él. (Enseñando que el poder creativo no está completamente en la muestra de la madre que él ha eclipsado.) No es sólo la relación de posesión lo que es la base de la obsesión del hombre por la paternidad, sino, el cumplir con el mandato de la forma del concepto como la realización de su identidad individual, de género y de especie.[2] A pesar de que esta ‘lógica’ ha funcionado a través de generaciones, es la responsable de una agenda falsa.

 

Yo creo, que es posible la imposición de las diferentes encarnaciones del concepto ‘uno-muchos’ en sí, esto ha sido el Frankestein que ha creado el monstruo blanco del patriarcado. En aquellas sociedades donde el hermano de la madre tiene las funciones paternales de la educación, el falo no tiene que ser enfatizado de más como la muestra, que de hecho, es responsable de la ‘creación’ del niño. En esas sociedades, la transmisión de la cultura a través de la educación y de la disciplina se distingue de la sexualidad; las persona que juega el rol disciplinario, no requiere que el niño se le parezca. En las sociedades dónde éste es el caso, parece que hay muy poca violencia, y la violación es casi desconocida.[3]

 

Los hombres, como las mujeres, necesitan permanecer en la modalidad del regalo y del recibir para que sus identidades puedan ser conformadas por la comunicación material y de signos, creando una subjetividad construida sobre una interacción siempre cambiante de cuidados con los otros (una interacción que también incluye una gran cantidad de modelado recíproco y toma de turnos), más que sobre el mandato de adquirir una posición abstracta de igualdad. Para hacer las cosas peor, la posición de igualdad tiene escondida dentro de sí, de manera contradictoria dos niveles de superioridad (desigualdad). Crea una categoría superior con aquellos que son diferentes a los que regalan y que son muestra (por lo tanto pueden convertirse en muestras), y de aquellos que ya son superiores, porque ya son muestras. El mandato insta a la competencia donde no es necesaria, y hace del dominio y del poder, la modalidad válida de comportamiento, para una mitad de la humanidad.

 

Porque en sí, impone una norma, esta modalidad se extiende a toda la humanidad haciendo de aquellos que tienen otros valores seres serviles, invisibles y no tan humanos. Esto coloca, a aquellos que son ‘iguales’, en una categoría dada por los que regalan, que parece conferir a los ‘miembros’ el derecho de exigir a los otros a que les den, ya sea mediante el uso de la violencia y o por las jerarquías organizadas o sea por las fuerzas armadas o por la policía. Aplicando de nuevo el concepto lógico (que requiere de una relación ‘uno-muchos’ para desarrollar la generalidad) a esta situación, encontramos que lo que es más apropiado para esta lógica, aunque no para la felicidad de los seres humanos, es que los pocos sean las muestras generales para las diferentes categorías, lo que significa, desde luego, que los muchos nunca serán muestra. Por lo tanto, tenemos muchas personas organizadas en grupos nacionales, cada uno de los cuales tiene una jerarquía interna dirigida por unos pocos hombres, con un hombre a la cabeza.

 

Tomando la agenda de la forma del concepto como la lógica de la especie, y a aquellos que tienen éxito en él como la muestra de la especie (olvidando que las mujeres hacemos las cosas diferentes), el dominio, el poder y la intención de convertirse en la muestra del concepto y de la especie, se convierten en formas válidas de comportamiento.

 

Tristemente, las mujeres han colaborado con este estado de la situación, y con el esfuerzo de los hijos y de los maridos que están tratando de tener éxito en ello. Ahora, nosotras hemos comenzado a participar en ello también. Afortunadamente, nuestra carencia de pene ha mostrado que éste no es la muestra de la especie, y que no es necesario tener pene para tener éxito en este sistema. Mientras esto ha podido resultar en la sospecha de la verdad de la superioridad masculina, no ha podido desmantelar la agenda y la lógica, sólo las ha desplazado hacia otras categorías. Ahora, por ejemplo, toda la gente en las naciones privilegiadas se pueda considerar a sí mismos como privilegiados o como ‘muestras’ respecto a los otros de las otras naciones que ‘deben’ por lo tanto darles y servirles. Todos aquellos de una raza, tanto hombres como mujeres, se pueden considerar superiores a los de las otras razas, y lo pueden ‘probar’ dominando a las otras razas (y haciéndoles que les den, obligándolos a tomar empleos femeninos de dar).

 

Mientras que todo esto produce comportamientos horribles y oprobiosos de los individuos de un grupo contra los otros, todos están llevando a cabo un mandato que es considerado ‘humano’ por centurias por Europa occidental y por muchas otras sociedades. Es un sistema basado en una lógica falsa que debe ser considerada como responsable, y no en los individuos, y es este sistema el que debe ser desmantelado. Cambiar a los individuos sin cambiar la lógica y la agenda, sólo deja el campo abierto para que otros individuos lo recojan y sigan con las mismas prácticas. Como dice el viejo dicho: “Si todos comenzaran con la misma cantidad, sólo unos pocos llegarían siempre a la cumbre.” Esto quiere decir que hasta que entendamos la enfermedad y la erradiquemos, algunas personas continuarán con la agenda en detrimento de aquéllos que no tienen ni la ‘necesidad’ ni la ‘ambición’ (léase: que no tienen la necesidad de ser muestras). Esta enfermedad parece ser una clase de virus que se multiplica a sí misma (tal vez de ‘vir’, la palabra latina para ‘hombre’).

 

Marcas’ del dominador

 

Un ejemplo de esta imposición de un grupo sobre otro, es la invasión europea sobre las Américas. No sólo fue la supremacía tecnológica de los europeos lo que causó el genocidio de los pueblos nativos, sino el hecho de que los europeos eran portadores de la masculación en muchos niveles: misoginia, propiedad privada, lenguaje, economía, religión, filosofía, crianza de los niños, leyes, arquitectura, agricultura, etc., siendo todos estos muy diferentes para las culturas nativas. Podría haber resultado de otra manera. Los europeos podrían haber aprendido de los pueblos nativos en lugar de destruirlos.

 

Después de imponerse como categoría ‘superior’ con respecto a todo el hemisferio, nuestros antepasados también tomaron la propiedad de los seres humanos ‘uno’ los ‘muchos’ como esclavos, forzándolos a darles regalos que les permitían una ganancia y que permitía que los ‘dueños de los esclavos’ (fálicos) acumularan un capital. La categoría de ‘superior’ tenía que ser reconocida por las masas. Esta es la función, que tener un pene, ha servido en las categorías. La piel blanca sirve para los mismos propósitos. En ambos casos, la ‘marca’ de ‘superioridad’ le da vuelta al rol de la madre, haciendo que el que se desvía sea la norma, y los que dan regalos aparezcan como inferiores y desviados. En una sociedad donde la masculación y el cambio no son las modalidades de la vida esta dinámica no existiría.

 

Los europeos hipermasculados mataron y esclavizaron a las gentes menos masculadas de Africa y de América, ‘probando’ de esta manera que ellos estaban en una categoría superior (más masculina) que era la norma y que permitía su crecimiento priápico simbólico infinito, que los masculaba de nuevo, convirtiéndolos en una clase superior de la categoría ‘superior’. Tener una gran cantidad de dinero les permite comprar, producir, y construir objetos, por los que de nuevo serían identificados como privilegiados dentro de los privilegiados. Las casa, los automóviles, la ropa, la joyería, los rascacielos, los rifles, la educación y los viajes, pueden ser comprados, y son una clara percepción y microscópica evidencia de ‘tener’, y que ubica a los que ‘tienen’ en la categoría de los privilegiados una y otra vez.

 

Yo creo que los países que pertenecen al llamado ‘Primer Mundo’, se han convertido en la ‘categoría superior’ identificables por su posición física y por los documento de ciudadanía y están forzando a los países del ‘Tercer Mundo’ a entregarles, a través de mecanismos económicos, políticos y culturales, y que a menudo son invisibles para la ciudadanía. La explotación que se está dando puede continuar siendo invisible, a no ser por ese número cada día más grande de inmigrantes que tratan de ubicarse en las categorías geográficas más privilegiadas. El peligro es, que a través de los mecanismos del ‘Libre Comercio’, vamos a intensificar el patrón de los países dominantes masculinos y países serviles femeninos, hasta finalmente convertirlos en países de esclavos y países dueños de los de esclavos. La masculación está escrita en grande en la tierra. (Siempre me ha maravillado lo apropiado del nombre de Castro.)

 

El capital es una voluntad masculada.

 

Las madres que tienden hacia los otros dan, entre otras cosas, un cuerpo, un lenguaje, y la socialización dentro de un género. La posibilidad de recibir más por definición nos motiva, como la posibilidad de ser nombrado dentro de lo ‘masculino’. Los que se dejan las ganancias convierten a los otros en sus madres masculadas. Hacen que los otros les den, enseñando que ellos se ‘merecen’ la ganancia y dando a los otros en forma condicionada y usándolos como medios.

 

Tal vez es por la falta de acceso al sistema de un langue cualitativamente diverso, y por lo tanto, nuestra incapacidad para explorar una variedad de valores enunciables en sus relaciones entre sí, por lo que los valores del dinero y del cambio mantienen su hegemonía social, mientras aparecen y desaparecen rápidamente, mientras cambian de manos en el proceso de cambio en sí mimo. La cosa ‘significada’ por la palabra material ‘dinero’ es el producto (el regalo que sería) que está sufriendo la sustitución de la lógica (y el acto) de dar, por ejemplo el cambio. El valor en la comunicación de aquel ‘significado’ es el valor de cambio, expresado en una cantidad particular de dinero. A pesar de que la langue no está presente para mantener una totalidad cualitativa de mediadores de valor, la similitud a sí misma de la sustitución del dinero por el producto, y de la lógica del cambio por regalar, crea un mecanismo que se avala a sí mismo, y que continuamente sitúa el cambio en evidencia mientras esconde el regalo.[4]

 

El capitalismo unifica la masculación y el cambio, dándole a cada uno, una nueva meta. Para la masculinidad, la nueva meta es acumular riqueza priápica; para el cambio, es la repetición del proceso de masculación una y otra vez, acumulando así y teniendo ‘más’, mereciéndose una cantidad aún más grande de su equivalencia cuantitativa, o ‘nombre’ masculado, y poniendo al dueño en esa categoría a la que cada vez llegan más regalos gratis y ocultos.

 

La existencia se identifica con la masculación, y por eso se hace cuantificable. Esto le da la gente el incentivo para tener más, para así ser más. El poder y la potencia convergen en una espiral negativa que se mueve hacia arriba, por la que algunos hombres (y mujeres) ‘exitosos’ se pueden mascular más que otros, existiendo más, al tener más ‘valores’ cuantitativos. Esto les hace aparecer como merecedores de existir más, lo que permite a las clases altas avalarse a sí mismas, y a juzgar a aquellos que son explotados como ‘menos merecedores de existir’ o tal vez, ya ‘existiendo menos’. El pensamiento se toma como la base para una identidad autoritaria (cambio) adversa. La capacidad para actuar las definiciones y las sustituciones es un proceso constante, que se puede reconocer, que provee con una constancia interna (1=1) y así enfocarse en la situación de exclusión mutua, que es necesaria para tener propiedad privada, y también para tener éxito en la competencia y en las actividades orientadas por el ego. (Una identidad positiva interna se podría crear a través de los procesos repetitivos de regalar y recibir.) El cambio da instrumentos para la satisfacción de las necesidades de los otros, para la satisfacción de las necesidades propias, siendo todo esto valorado una y otra vez por encima de dar. Todos aquellos cuya voluntad está involucrada en tener (y tener más que los otros) parecen ser racionales, mientras que aquellos que todavía practican el regalo (y derivan su identidad de esto) aparecen como ‘irracionales’.

 

El mercado no es gratis, la voluntad no es gratis

 

El capitalismo es la masculación por acumulación. Es menos sexista que la definición de género porque permite que algunas mujeres ‘tengan’ (aún las que tiene porque ellas se han hecho a sí mismas). Sin embargo, aún las mujeres exitosas pueden parecer que existan, y que merecen existir menos que los hombres masculados. Su contacto más amplio con las emociones, que nosotros podríamos llamar la presentación interna de nuestras necesidades, las ubica en lugares donde las mujeres pueden llegar, fuera de la racionalidad del capitalismo. Entonces esas emociones parecen ser la ‘razón’ de por qué las mujeres (y los hombres) que las tienen no están bien adaptados a la economía de cambio.

 

En una situación en la que los humanos son adversarios y dominantes en su comunidad, usándose entre ellos como medios, las emociones son sólo un croquis de lo que podría ser posible, fuera de las ‘proporciones’ similares a sí mismas. Es nuestra emoción i-rracio-nal la que continúa saliendo hacia las necesidades de los otros, aún cuando estemos bloqueados, cortados fuera de las acciones que podrían satisfacer esas necesidades. Tal vez, las mujeres pueden continuar sintiendo estos sentimientos más que los hombres masculados, porque nosotras continuamos regalando. Somos la manera de apuntar un curso hacia un mundo mejor. La felicidad es la celebración de las necesidades satisfechas, la danza del alma con sus pasos divinos libre de la jaula del cambio, viviendo, por fin, en armonía consigo misma y con los demás.

 

La emoción, la rabia también rodea el daño que es la creación dañina de nuevas necesidades, y muchas de las emociones se oponen a la injusticia como daño institucional. Sin embargo, la pregunta sobre la justicia está limitada a la necesidad de definir algunas clases de acciones como dañinas. Estas definiciones podrían ser creadas sin la represión que es parte del paradigma del cambio, y en cambio, para prevenir crímenes satisfaciendo las necesidades que las causaron, antes de que la motivación para cometerlas tenga la oportunidad de desarrollarse. Esta clase de solución es imposible debido a la escasez requerida por el paradigma del cambio, y por las fulgurantes injusticias que permanecen sin definirse o que parecen ser parte de un sistema inmutable.

 

El capital es un ego masculado. La atribución del valor está encarnada en el giro hacia el cambio, en la voluntad masculada, que dirige la energía hacia amasar más riqueza y poder. Es el deseo y la habilidad para ser más. De hecho, más dinero es ser más (más habilidad para sustituir, para ocupar el lugar de). La ‘voluntad libre’ del capital, igual que el mercado libre en realidad no es libre. Está canalizado hacia la supervivencia y supremacía de sí mismo, de acuerdo con el mandato de la masculación. En otras palabras, no es libre de practicar el regalar y el cuidar, (contradiciéndose a sí mismo, sacrificándose, no creando escasez para los otros, y no creando el incremento de su abundancia). El regalo es irrelevante para él. No se da ningún valor al regalo, porque el valor para el cambio es capturado en la semejanza de sí mismo, y el desatino de regalar cubre la opresión de la explotación a través del cambio ‘equivalente’.

 

Tanto el libre comercio como la voluntad capitalista libre, son oxymorons si se considera la palabra libre como ‘gratis’. (Aún comprar es una tarea libre, pero no reconocida, una labor de preferencia ‘libre’. Nosotros no somos libres para no comprar y no escoger, porque no podríamos comer. Si no tenemos el dinero, no somos libres para comprar. No ‘merecemos’ vivir.) Pero aún si entendemos libre como ‘liberado de toda obligación’, el mercado y la voluntad son libres para los que lo practican, con un costo de obligaciones más pesadas para sus víctimas. Los perpetradores del mercado libre, y de la voluntad capitalista libre están libres de la ‘orientación hacia los otros’, del compromiso de servir las necesidades de los otros, y tienen que serlo, si quieren ser exitosos. Algunas de nuestras multinacionales son más masculadas que nuestros hijos individualmente.

 

Lo que pensamos de esta instancia ética de la libre voluntad es solamente la posibilidad de los egos masculados de escoger de acuerdo a valores más gentiles, en contradicción con a su socialización hacia el poder, o permitir ser restringidos por las ‘ecuaciones’ de la justicia (mientras la mayoría de las mujeres escogen de acuerdo a una ‘voz diferente’). Aprovechándose de haber renunciado a la capacidad de cuidar, los hombres contradicen las voluntades masculadas de dominar, y para ser más, aceptando las obligaciones de la ‘orientación hacia los otros’.

Mientras tanto, aquellos socializados para cuidar de los otros, son libres para imitar la modalidad masculada, adaptándose a una sociedad enferma. Pueden desarrollar un ego del cambio a través del trabajo dentro de las proyecciones sociales de la masculación, como lo es el mercado, abrazando los valores del patriarcado. Sin embargo, las mujeres continúan siendo socializadas de manera diferente, hacia los cuidados, y por lo tanto siempre están en una posición potencial de enfermedad dentro de la sociedad, y en conflicto internamente con ellas mismas.

 

Las mujeres también tienden a escoger la ‘humildad’, criticándose a ellas mismas por la masculación que no se les aplica, deshaciéndose de un defecto que ellas no tienen. Ellas critican la masculación como si fuera parte de ellas, en lugar de reconocerlo como la internalización de un patrón similar a sí mismo de los hombres, (de quien ellas no son sus ’iguales’) y de la sociedad en grande. Por eso las mujeres llenan las iglesias, las sesiones de terapia, los grupos de auto ayuda, inspeccionando sus almas al buscar trazos de arrogancia y de viajes de poder, cuando de hecho ellas son las víctimas del comportamiento mascualdo de sus maridos, de sus patrones, de las escuelas, de las universidades, de los negocios, de los gobiernos, y de otras instituciones patriarcales. Mientras proveen una comunidad y valores comunes, los procesos de ‘saneamiento’ esconden los valores del regalo que les dan la vida detrás de una cortina de humo, del dominio masculino de los valores masculados de la independencia individual, de la responsabilidad, de la culpa y de la retribución.

 

Si vemos el capital como la voluntad masculada, lo vemos como algo libre para obtener el poder, para ‘ser más’, a expensas de los otros, para la acumular infinitamente. La práctica de la filantropía permite al capitalista hacer la escogencia ‘libre’ de ‘orientarse hacia los otros’ mientras él o ella continúan haciendo dinero. La caridad permite a los capitalistas convertirse en personas ‘más completa’, haciendo un balance entre el cambio y el regalo, y al mismo tiempo satisfaciendo algunas de aquellas necesidades que han sido creadas por el sistema patriarcal masculado y las instituciones. Mientras estas actitudes pueden ser mejores que el hacer dinero sin mitigar la explotación, esto sólo mejora un lote de pocos individuos, haciendo que el individuo que hace caridad sea una mejor persona. La orientación hacia el ego del sistema, captura nuestros regalos, mientras nos alienta a usar nuestros regalos para los otros, para mejorarnos a nosotros mismos.

 

Solamente dando al cambio social desde un meta nivel, con un meta mensaje que dice: Este regalo comunicativo está hecho para cambiar el sistema hacia el regalo”, para que el capital se haga general, liberado y liberador, permitiendo cambiar (el cambio) el sistema que lo creó. Esta escogencia, libera el capitalismo de la masculación, proveyendo los recursos financieros que, por fin libera a todos, para que puedan cuidar, para que puedan practicar la economía de regalar de una manera femenina. Los que están en las posiciones privilegiadas no pueden crear un cambio pretendiendo que no son privilegiados, o simplemente entregando sus ‘marcas’ para convertirse en individuos sin privilegios. Al revés, ellos deben encontrar las maneras de usar sus privilegios en un meta nivel, para validar el modelo y la lógica del regalo en lugar del modelo de cambio.

 

Hay una frase que le atribuyen a Winston Churchill: “El punto no es distribuir equitativamente la pobreza, sino distribuir la equitativamente riqueza.” Aparte del uso de la palabra equitativamente, creó que la idea es muy importante. Debemos enfocarnos en la riqueza para todos, no un sistema nuevo de pobreza para todos. No es empobreciéndonos todos que podemos cambiar el sistema para beneficio de todos. De hecho, sólo la abundancia permite que florezcan el regalar. Por lo tanto, debemos usar la riqueza de nuestros recursos, la acumulación del dinero en el capital, nuestra tierra, nuestra educación, nuestra experiencia, nuestras destrezas con el lenguaje, el entendimiento político, psicológico y económico, nuestros grupos y redes de trabajo para crear una transición inteligente y sin violencia desde el sistema basado en el cambio, a un sistema basado en el regalar en abundancia.

 

Un paso en la dirección correcta sería parar el desperdicio de riqueza que se gasta en armamentos y en las fuerzas armadas en el mundo entero. Otro paso sería perdonar la deuda externa del Tercer Mundo, comprendiendo que éste es un mecanismo artificial de explotación, deuda que hecho ha sido pagada muchas veces. Al mismo tiempo, deteniendo la destrucción del medio ambiente, aseguraríamos la continuidad de la abundancia en el futuro, en lugar de desaparecer en un ecosistema artificialmente empobrecido y tóxico. La reducción bien planeada de la explotación y de los desechos permitiría la acumulación de la riqueza, que permitiría el regalo entre los individuos, lo mismo que entre los grupos y entre las naciones.

 

Liderazgo de la mujer

 

Por la forma en que las categorías de masculación han proliferado, es que muchos de nosotros pertenecemos a varias categorías. Somos privilegiados porque somos blancos pero no tenemos privilegios porque somos pobres. Somos privilegiadas porque somos ricas pero sin privilegios porque somos mujeres. Tenemos privilegios porque somos hombres pero no tenemos privilegios porque somos de color. Nosotros debemos unirnos como categorías no privilegiadas, porque somos conscientes de que sufrimos, pero también debemos unirnos como categorías privilegiadas para acabar con ese sufrimiento, para cambiar el sistema para todos. De hecho, si logramos establecer de nuevo el modelo de la madre y nos equipamos con la lógica de la economía del regalo, podemos poner atención a las necesidades del otro y satisfacerlas, no sólo en el nivel individual sino también en el nivel social. El verdadero cambio no es, colocar una categoría en la posición privilegiada en lugar de la otra, sino hacer efectiva la norma general basada en la orientación materna hacia el otro, que hace puente y quiebra categorías.

 

La masculación avala sus intereses propios en todos los niveles (aún los grupos y las categorías de intereses propios). Nosotros tenemos que ser capaces de avalar otros intereses en todos los niveles. La respuesta no descansa del todo en las categorías, sino en el dar y el recibir, comunicándonos entre ellos como seres humanos, y colaborando para resolver los problemas generales, las necesidades de todos, cambiando así el sistema construido sobre la masculación.

 

Este es el cambio de paradigma que la Nueva Era y otros movimientos espirituales han estado esperando. No se basa solamente sobre la consciencia, a pesar de que la consciencia ocupa un espacio importante en el necesario cambio de perspectiva, sino en la satisfacción real y práctica de las necesidades y las soluciones para los problemas. Tal práctica debe ser ayudada por la sensibilidad cultural y la previsión, diseñando las formas de satisfacer las necesidades psicológicas y espirituales, tales como las necesidades de dignidad y respeto, para la independencia y la auto determinación de todos aquellos que están cambiando desde la modalidad del cambio a la modalidad del regalo. El cambio de paradigma puede ser creado por las mujeres, atravesando todas las categorías. Sus operadoras ya están por todos lados, en los movimientos internacionales de las mujeres. Los agentes no masculados del cambio están en cada casa.

 



[1] Por esta razón es que tenemos que cubrirlos, porque resaltan el hecho de la abundancia y del paradigma de regalar.

[2] Aquí, las mujeres pueden seguir los pasos de sus padres, compitiendo y eclipsando otras mujeres que están en el rol de madre. Luego, ellas a su vez, serán eclipsadas por los hombres. Las feministas tiene que realizar que tomando más regalos ocultos y destruyendo al que da, que podrán hacer del mundo un lugar mejor.

[3] Ver a Maria-Barbara Watson Franke, The Lycian Heritage and the Making of Man, en Women’s Studies International Forum, Vol. 16 número 6, 1993

[4] El dinero está sujeto a una imagen de sí mismo. La cara del presidente o del rey en las monedas es tal vez la imagen misma de la similitud.